Giros inesperados de la vida… Y una canción que ya no posee voz…


Aquél día parecía ser como cualquier otro, y todo apuntaba a que sería un día que iba a transcurrir sin mayores novedades, más allá que las simples y cotidianas “notificaciones de siempre” en las redes sociales… Como solía hacer en aquél entonces, por cuestiones de ocio, revisé mi  página de “inicio” en Facebook para ver con qué historias o fotos/vídeos interesantes iba a toparme. Debido a la alta cantidad de páginas que seguía (y aun sigo), siempre encontraba una que otra cosa que llamaba mi atención, y en el mejor de los casos, me inspiraba a escribir alguna observación o comentario al respecto. Siempre he sido una persona que gusta de escribir, aunque sea alguna clase de idiotez, arrebato sin sentido o comentario serio sobre alguna cosa. Sea para lo que sea, he preferido siempre el medio escrito para expresar mis ideas o lo que pueda estar dentro de mi cabeza, más que el hablarlo directamente frente a alguna persona. Con esto quiero decir, que soy de hecho una persona bastante poco sociable que no gusta mucho de salir con alguien más, pero no por esa razón, me cierro a las posibilidades de hacerlo si soy invitado por alguien que haya llamado mi atención, o bien, se haya ganado mi confianza. Es más, si está dentro de las posibilidades, suelo complementar esas salidas invitando a esa otra persona a comer por ejemplo, o tomar una taza de café, o cualquier cosa que se le apetezca, según lo que aplique, ya sea considerando ocasión, lugar, ánimos, etc.

Entre todas las publicaciones de páginas y personas que seguía y/o sigo, apareció una respecto a uno de mis autores preferidos: Stephen King. Fue precisamente esta imagen la que comenzó todo, y aún recuerdo como si fuese ayer, gran parte de todas las experiencias que viví gracias a la persona que conocí por esta foto, cosas que ya iré relatando:


La página original en donde había sido publicada tenía por título algo como “Me encantan las películas Gore y de Terror” si mal no recuerdo. La idea de el o la dueña de la página al haber puesto esta imagen allí, era que se nombraran la mayor cantidad de personajes que aparecían en esta imagen (todos pertenecientes a obras de Stephen King, claro está), por lo cual, leyendo las diversas respuestas que habían puesto anteriormente, decidí “jugármela” y poner mi aporte —en una de esa, gano— pensé. El “premio” por lograr la mayor cantidad de personajes identificados, era que el perfil de quien ganase, iba a ser publicado de forma “destacada” en la susodicha página… Más que por conseguir reconocimiento o querer ganar, expuse mi respuesta, en un afán de demostrar mi atracción y afecto por este autor. Y curiosamente, entre todas las respuestas, salí triunfante y reconocido como el que mas personajes había logrado reconocer, entre todas las personas. Mi perfil fue publicado como ya lo había dicho el administrador(a) de la página, señalando que yo había ganado. Sorpresa tamaña fue la mía cuando supe esto (al rato despues), gracias a las notificaciones. Le di mis agradecimientos a la persona encargada del sitio —recuerdo— por el reconocimiento.

Paralelamente, en un sitio muy lejano a mi lugar de residencia actual, una jovencita —aún desconocida para mí en ese entonces— leyó mi comentario con los nombres, y procedió a marcar que le gustaba. Dentro de su mente pensó —tal vez—: Mmmm… Le gusta Stephen King, y se ve que es alguien interesante al parecer… Le enviaré una solicitud de amistad, y veremos qué pasa. Si me ignora, no importa, total, no lo conozco más allá y no me guío por apariencias, al fin y al cabo…

Luego de haber leído uno que otro comentario respecto a lo que había escrito, seguí revisando el resto de mis páginas y noticias de interés, sin mayor preocupación e idea de que, momento atrás, una serie de engranajes habían comenzado a moverse, para dar paso en mi vida, a una de las personas que marcó de manera definitiva mi vida, mi forma de ser, mi forma de plantearme algunas cosas, mi forma de realizar algunos objetivos, etc. O sea, alguien que fue —y sigue siendo hasta el día de hoy— una de las personas más significativas que han llegado a mi vida. Si bien las circunstancias hoy en día son totalmente distintas a lo que fueron en su momento, a esa persona le debo muchas cosas.

Decidí dejar de lado un poco mi computador (de escritorio en ese entonces, armado por piezas) e ir a hacer otras cosas.  No recuerdo exactamente que fue lo que me dediqué a hacer exactamente (deberes de la casa quizás…) y me re-conecté a mis redes sociales, transcurrido un rato. Ahí me di cuenta que aparecía una solicitud de amistad, proveniente de una muchacha a la cual nunca en mi vida había visto. Normalmente, en esa época no aceptaba a cualquier desconocida/o, era un poco más reservado y desconfiado (a diferencia de hoy en día, que acepto o envío solicitudes sin reparar en detalles…), pero viendo su foto, me animé a aceptarle, total ¿qué era lo peor que podía pasar? vivía en Valparaíso esa persona (mejor dicho, aparecía que era de “San Antonio”…), entonces estaba bastante lejana a mi lugar de residencia supuestamente, y por otro lado, no se veía que fuese una persona que inspirase desconfianza o temor alguno, a primeras luces. Comenzamos a charlar, preguntando el por qué de haberme enviado solicitud y cosas por el estilo… Y justamente fue por el ya mencionado concurso de aquella página.

La confianza entre nosotros fue creciendo de manera paulatina, a medida que fuimos intercambiando palabras por Facebook. Cierto día, decidí que iría a conocerla en persona (aún habiendo vivido anteriormente experiencias bastante desagradables e indeseables con otras), total ¿qué era lo peor que podría pasar? ¿Ser asesinado? ¿decepcionarme una vez más? Independiente de todas las posibilidades que pudiesen ocurrir, decidí dejar atrás toda duda o miedo al respecto, y me atreví a tomar un bus, viajar a la costa y juntarnos en el lugar que habíamos acordado previamente. Extrañaba en lo personal el visitar el mar, sentir esa frescura, esa brisa relativamente helada, que trae consigo diversos aromas que sólo se encuentran en aquellos parajes, la luz del sol, que se percibe de un modo completamente distinto a como se siente en ciudades lejanas al mar, etc., por ende, además de conocer personalmente a esta joven, aprovecharía la oportunidad para re-encontrarme en cierta forma con la porción de planeta en la cual nací (o al menos, algo cerca…).

Recuerdo que al descender del bus, cometí el grave error de no hacerlo en el terminal, por ende, tuve que recurrir a llamarle y tratar de ubicarme para llegar al lugar donde nos íbamos a reunir… Luego de caminar por lugares que nunca había recorrido (al menos, según lo que mi memoria consciente recuerda…), pude finalmente llegar al lugar. Miré a los alrededores, buscando alguna persona que se le pareciese… ella estaba caminando por la calle que se encontraba frente a donde yo estaba. Cuando la vi por primera vez, dentro de las primeras sensaciones que sentí, fue una mezcla entre nervios, ternura, cariño inmenso y alegría. Crucé la calle, le hablé e inmediatamente casi nos abrazamos. Una dicha inmensa inundó mi pecho cuando estreché su cuerpo entre mis brazos. Allí estaba ella, más bajita que yo (y de lo que imaginaba), con una rosa azul (que aún conservo) entre sus manos. Me la entregó explicándome que esa flor me la daba por un tema de afecto, confianza… Recuerdo que al parecer mi madre me había entregado unas galletas tipo waffle para darle (yo en lo personal prefiero optar por otras muestras de aprecio y cariño, más que recuerdos). En un principio, nuestra charla fue orientada a diversos temas, como por ejemplo su condición de salud (que le implica que no puede realizar grandes esfuerzos, entre otras cosas…), lo que hacía cada uno por la vida (en esos momentos, yo trabajaba solamente…), etc. Independiente de la enfermedad que ella padece, y de muchos otros factores, comenzó a gestarse en mí un sentimiento de cariño inigualable hacia ella. Me dí cuenta que congeniábamos demasiado bien en muchas cosas (gustos, puntos de vista, opiniones sobre cosas de la vida, etc.), y además de eso, física (o exteriormente hablando) me atraía bastante también (pese a como ya dije antes, medir mucho menos que yo en altura). Esa tarde, luego de compartir un almuerzo típico de la zona (consistente en productos del mar…) que ella no pudo finalizar (porque era mucho…), luego de otras eventualidades, llegó el mentado momento de volver a nuestros respectivos hogares. Por mi parte, viajar a la capital, y por su parte, viajar a la comuna vecina a la que nos encontrábamos. Mientras esperábamos a que llegara el bus que me llevaría de vuelta, estuvimos constantemente abrazados (era tan grande el cariño que le tenía, que simplemente no podía ni mucho menos quería dejar de abrazarla, la ternura que ella irradiaba me impulsaba a no querer alejarme de su presencia). Le hice cariños en su pelo, sentía el aroma de éste, me embriagaba en su esencia, y rogaba porque no llegara tan pronto el bus. Que tomara su tiempo, para así no separarme de su lado… Fue una tarde memorable, llena de eventos, emociones, sensaciones, sentimientos  y acontecimientos que quedaron permanentemente grabados en mi mente, para toda la vida. La verdad de las cosas, ese fue el momento (por decirlo así) en que me dí cuenta que esa persona me gustaba, y mucho. Y quería profundizar mi relación con ella… Quería llegar a ser su novio tal vez, y quien sabe, llegar a casarme con ella algún día… Los lazos fueron estrechándose cada vez más entre ambos: Podíamos pasar horas conversando, compartiendo, la nostalgia y necesidad de hablarle, de verle, de sentirle cerca mío crecía en mí, a un ritmo cada vez más acelerado. A tal grado llegaron las cosas, que finalmente terminé viajando (un 5 de enero) y le propuse que comenzásemos a salir, cosa que ella aceptó inmediatamente.

Nuestra relación fue desarrollándose rápida y bastante bien, a diferencia con otras personas que habían llegado a ese punto conmigo (parejas). Nunca hubieron discusiones graves, nunca hubieron peleas lamentables (pero sí un quiebre, por cuestiones de trabajo, errores personales de mi parte, etc.), jamás siquiera llegamos a “levantarle la mano” al otro (con esto me refiero a golpes como tal). Conocí a gran parte de sus familiares, durante el tiempo y las veces que viajé a verla: Madre, Padre, hermanos, tíos, tías, abuela, primos, primas, etc., pero no así ella, quien por cuestiones de salud, (entre otros motivos que sólo ella sabrá…), nunca quiso aceptar mis ofrecimientos de viajar hasta mi casa, y conocer a mi familia. En lo personal, siempre he tenido esa clase de consideración para con la gente que tiene algún lazo directo con quien ha sido en su momento mi pareja, por una cosa de respeto, y porque claro, si las cosas resultasen bien (como casi todas las personas esperan cuando inician una relación sentimental con alguien), esa gente pasaría a tener un lazo más directo y estrecho con mi persona.

Durante el tiempo que estuvimos conociéndonos, generamos muchos recuerdos y experiencias hermosas juntos.Pese a que la distancia nos separaba, nuestros sentimientos siguieron siendo fuertes, al menos hasta el final de todo.

Con ella además, aprendí muchas lecciones de vida, la consideré (y considero aún) todo un ejemplo de lucha y esfuerzo por vivir, aunque las condiciones no sean favorables para su persona. Cambié muchas formas de ver los problemas de la vida, de enfrentarlos, me animé a estudiar una carrera profesional y seguir trabajando mientras lo hacía (y no morir en el intento, jajajaja…), total, sabía que podía contar con su apoyo y amor incondicionalmente durante todo ese largo proceso. Conversamos cosas que normalmente uno conversa sólo con sus cercanos, nos entregamos mutua confianza y amor, y convivimos juntos prácticamente, en el ocaso de nuestra relación, o mejor dicho, en el momento en que empecé a ver y considerar las cosas de otra forma.

¿Por qué acabó tan genial y linda historia?

En el último tiempo como ya dije, noté actitudes y detalles que no me agradaron: El sacrificar horas, días, semanas incluso, lejos de mi gente, de mi familia, para terminar pasando horas a solas en su casa, por ejemplo. El tiempo que compartíamos en pareja, pese a estar allí, conviviendo juntos literalmente hablando, a veces era escaso. Por otra parte, algunas actitudes, ciertos comentarios, observaciones supuestas de parte de personas cercanas a ella (no mencionaré quienes, por respeto a su privacidad), no me agradaron tampoco. En resumen, yo era quien entregaba la mayor parte de su tiempo, sacrificaba familia, amistades, etc. para compartirlo a su lado, y aún así, gran parte de las veces (en el último tiempo, reitero) tuve que pasarlo a solas. Y para colmo, había sido despedido de mi empresa, y mis estudios habían concluido, por ende, era hora de que comenzara lo antes posible mi “práctica profesional”…

Fue así que decidí conversar con un amigo, y llegar a una decisión definitiva: Así mismo como inició todo, terminarlo. Indirectamente, con una carta que explicaba en detalle todas las razones de mi decisión sobre nuestra relación.

Aún guardo esa carta, y cada cierto tiempo la releo, a modo de reafirmar mi decisión al respecto.

A estas alturas… ¿Me arrepiento de todo? No lo sé. A ella le guardo un agradecimiento infinito por todas las cosas buenas que me entregó, enseñó, por todo el tiempo que invirtió en mi persona, y los recuerdos y memorias que formamos juntos… Sin embargo, a estas alturas he aprendido tantas cosas desde mi soledad, que he podido sobrellevar bastante bien, o mejor dicho superar bastante bien todo este asunto. Nuestra ruptura no fue dolorosa: no hubo llantos en persona, y durante este tiempo que hemos estado separados, sólo ella ha decidido dirigirme la palabra, más que nada para dejarme en claro que puedo contar con su persona prácticamente… Que cumpla mis sueños y sea feliz. Pero mi política personal siempre ha apuntado a que, llegado a cierto límite con alguien más, no puedo volver atrás (mucho menos lo prefiero siquiera), y considerarle una “amistad” nuevamente, como tal… Prefiero optar por el silencio, la indiferencia y seguir la vida. Pero con eso, no quiero decir que le cierre las posibilidades de volver a hablarme, o de hablarle yo… Soy abierto a las posibilidades de la vida. Quien sabe si tal vez, antes de morir, terminemos encontrándonos una vez más, en persona. Mucho menos, nadie sabe qué podría suceder si eso llegase a ocurrir… Sea como sea, la vida sigue.

Mañana (17 de Octubre) se cumple una fecha muy importante. Y es por eso que esta entrada quedará aquí, plasmada en este rincón… A modo de conmemoración y memoria, por aquella joven, con quien alguna vez comencé a cantar una canción que ya no posee voz… Y se desvanece lentamente, en el silencio del pasado.

Una respuesta a “Giros inesperados de la vida… Y una canción que ya no posee voz…

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