[MINI-HISTORIA] A partir de un sueño que tuve anoche…


 Últimamente, he tenido la gran suerte de poder recuperar mi capacidad de soñar cosas, y mi subconsciente me ha regalado imágenes y recuerdos interesantes… A tal grado que, en base a uno de mis lapsos de sueño más recientes, redactaré esta historia a continuación.

—¿Segura que estás bien? ¿No tendrás problemas con Ben? —le pregunté. —No, relájate. Él confía plenamente en mí, desde el momento en que nos conocimos, así que no esperes recibir una paliza o queja siquiera. Es relajado en la mayoría de los aspectos —respondió ella, con una sonrisa.
—De acuerdo, a final de cuentas, a estas alturas ya da lo mismo… ¡Jajajaja! —no pude contener mi risa en ese momento— me gustas  y ya está. Nada que hacerle. Respeto tu condición y estado civil, claro. Como comprenderás, no suelo ser alguien que va tras personas casadas, o sea, no me gusta ser el “patas negras”.

Sheila era a simple vista, como cualquier adolescente de 26-28 años que puedes ver caminando por ahí. Su piel era blanca, ligeramente rosácea, al punto que era un rasgo casi imperceptible en ella. Su contextura era promedio, ni tan delgada ni tampoco gorda que digamos, así como también, no era relativamente alta, más bien se encontraba dentro del rango medio de las jóvenes a esa edad. Padecía a niveles leves problemas de acné en su rostro, por lo que tenía algunas pequeñas heridas visibles. Sus ojos eran de color pardo claro, los cuales hacían juego con su pelo, liso y de color castaño luminoso, el cual llevaba tomado en cola por atrás. Sus cejas eran ligeramente gruesas, pero en perfecta armonía con sus ojos. Su sonrisa era radiante, sus labios carnosos pero no a un nivel exagerado, sin pintar. Llevaba un chaleco de media temporada, delgado y de color crema, en conjunto con un vestido y blusa amarillo pálido, ya que el clima esa tarde, estaba relativamente fresco, por lo cual no era necesario estar tan abrigado. Por lo que alcanzo a recordar, yo estaba vestido con una camisa color verde musgo oscuro y pantalones negros.

Algo había en ella que me cautivaba plenamente, de una forma un tanto extraña, sin provocación o intención necesaria siquiera de su parte. Me sentía mal por mi amigo Ben, quien era su esposo en aquél entonces. Pensándolo bien, tenía varios “defectos visibles” que alejarían a cualquier persona que pretendiese tener algo más con ella y claro, valorase más lo externo que su personalidad. No era mi caso, ya que suelo fijarme principalmente en el interior de las personas, más que dejarme llevar e influenciar por su apariencia, pero sin embargo, no lograba explicarme qué era lo que ella poseía para engatusarme a tal nivel de querer obviar el hecho de que ella era ya una señora casada. En un comienzo la veía como una amiga,o más bien como alguien con quien confraternizar y compartir en compañía de Ben cuando fuese posible, pero ahora todo eso se había transformado en una especie de sentimiento más profundo, el cual me llevaba a pensar en posibilidades extremas, como tener una aventura carnal a escondidas de su marido, quien repito, era mi amigo.

—Tontito, no te preocupes. Disfruta la vida y el momento, no te calientes la cabeza con ridiculeces.
—Pero Sheila… —lo interrumpió poniéndole un dedo en la boca—.
—Ya te dije, no hay problema —dijo, sonriendo.

Un impulso se apoderó de mí en ese instante, un deseo incontenible de besar esos labios. Yo estaba recostado por el costado de mi cama, con más de la mitad de mi cuerpo superior apoyado encima de ésta, mientras Sheila se encontraba encima mío, apoyada cuán cómoda posible pudiese estar, con su rostro casi encima del mio. La sujeté fuertemente por la espalda y cintura, la acerqué a mi cara, y le dí un beso apasionado en su boca, el cual me correspondió de igual forma. Por un momento pensé en la posibilidad de que recibiría una cachetada o algo similar o peor al respecto, pero no. Al contrario, seguimos besándonos, acariciándonos, como guiados por una fuerza invisible que nos conllevó a quitarnos todas nuestras ropas, y tener relaciones sexuales. Luego de estar unos cuantos minutos inmersos en un conjunto de sensaciones de erotismo, placer infinito y candor, decidimos parar y descansar. Todo sentimiento de culpa, miedo a perder la amistad de Ben o pensamiento consecuente, se había ido de mi mente en ese momento. Sentía una sensación de libertad única, de desahogo exquisito, de bienestar sublime. Ella yacía a mi lado, con sus ojos cerrados y sonriendo de felicidad.

A la media hora después, luego de haber hecho las cosas que hicimos, decidí que lo adecuado sería vestirme y conversar las cosas con calma y paciencia con Sheila, y ver qué decisiones y acciones tomar en caso de que resultaran mal las cosas de ahí en adelante. Pero sentí un dolor generalizado en mi cuerpo, un malestar que me recorría de la cabeza a los pies, y a la vez, una sensación de angustia extrema. Sheila se incorporó de mi cama, y comenzó a observarme con una expresión de tristeza en su rostro

—Ya veo, tú tampoco eras adecuado —me dijo.
—¿A… q-qué te… refieres? —le pregunté, realizando un gran esfuerzo para hablar.
—No eres capaz de soportar mi naturaleza. No eres el indicado para ser el padre de mi descendencia —me respondió—. Tu cuerpo ahora manifiesta las consecuencias de ello.
—¿C-cómo? ¿qué quieres decir… me con eso?
—Verás, no soy que digamos, una mujer normal. Soy algo completamente distinto, algo que tal vez nunca entenderías aunque tratase de explicártelo. Y lamento que las cosas hayan llegado a este nivel. De verdad que tenía las expectativas altas respecto a ti, pero por lo visto, no valió la pena.
—Pero entonces, Ben… ¿Por qué él no ha sido afectado en la misma forma? —le pregunté—. El dolor había disminuido a un nivel lo suficientemente aceptable para poder levantarme del suelo y sentarme apoyándome en la puerta de mi habitación, que daba al patio.
—¿Recuerdas cuando te dije que él era relajado? Él es estéril. No puede tener hijos, por ende no tiene mayores problemas con que yo haga este tipo de cosas con alguien más. Es abierto a la posibilidad de que yo encuentre a alguien más y decida dejarlo, ya que así lo programé.
—¿Lo programaste?
—Sí, es un androide que conseguí hace tiempo atrás, y traje conmigo, para que te conociera, se hiciesen amigos, y así pudiese acercarme a ti.
—¿O sea que todo esto no es más que un producto de alguna clase de experimento enfermizo de tu parte?
—Si quieres considerarlo como tal, claro. Aunque te confieso que en verdad quería que fueras tú el padre de mis bebés. Tendré que seguir buscando a alguien más…
—¿QUÉ ERES? —le grité—. El malestar generalizado volvía a manifestarse nuevamente en todo mi cuerpo.
—Ya te dije, da lo mismo que intente explicarte qué soy en realidad. Considerando aparte que ya te queda poco de vida, no vale la pena malgastar tiempo en eso. Lamento que las cosas hayan llegado a este nivel, porque yo en verdad quería estar contigo —me respondió, mientras una lágrima resbalaba en su mejilla—. Adiós y gracias por haberme aceptado de la forma que lo hiciste —me dijo.

Un frío empezó a invadir mi cuerpo, además del dolor generalizado que sentía, el cual se sentía cada vez de forma más aguda. Comencé a tiritar y a retorcerme en el suelo, a tal grado que después de unos momentos quedé entumecido y tieso, sin poder moverme más, mientras mi consciencia se desvanecía lentamente, llevándose consigo el recuerdo del rostro de Sheila, contemplando mi muerte.

  A modo de aclaratoria, reitero: esta historia nació en base a un sueño que tuve la noche anterior, del cual recuerdo ciertos detalles importantes, como la apariencia de aquella joven y parte de mi entorno, nada más, Gran parte de lo que redacté es mera ficción de mi parte, en mi estilo particular, basada claro, en la idea general del sueño en sí. Si le gustó o no, si quiere aportar ideas o comentarios al respecto, le invito a dar “me gusta” por favor en mi página de Facebook (aparece en la página principal de mi blog), y a comentar a continuación abajo si lo prefiere. Agradecería también, el que compartiera con quien desee, este sitio, el cual actualizo periódicamente o cuando realmente lo considero necesario.

Nos vemos en una próxima entrega.

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