Memories ~Un retorno a “aquella época”~ (Relato en construcción)


Esta pequeña mini-novela la dedico a mí mismo… Representa en cierta forma, un deseo permanente que reside en mi interior, de poder de alguna manera, enmendar ciertas cosas de mi vida, así como muchas otras personas por ahí… Sin mayores preámbulos, os presento a continuación mi creación… Basada en hechos reales.

—¿Está todo en orden, señorita? preguntó James, algo ansioso—. Llevaba esperando hace ya mucho tiempo poder realizar el viaje que lo llevaría a las tierras donde nació y yacía enterrada Alexia, alguien a quien sólo había logrado conocer mediante algunos mensajes y cartas escritas por ahí, pero quien en vida fue, una de las personas más significativas en su vida.
—Puede estar tranquilo. No posee ningún tipo de registro que pueda provocarle problemas en su llegada a Grecia. Aborde por la salida número 13, por favor. Que tenga un muy buen viaje, y gracias por elegir nuestros servicios —le contestó sonriente la joven tras el monitor—.

James durante todo su tiempo de vida, había sido siempre una persona de pocas amistades, no era amante de las reuniones sociales de sus compañeros de la academia, ni tampoco solía frecuentar lugares de encuentros comunes, como bares, restaurantes y cosas por el estilo. Se dedicaba mayormente a invertir su tiempo libre en lectura, películas y series, o en alguno que otro videojuego en general. Nunca acostumbraba a charlar con sus contactos de redes sociales y rara vez le prestaba atención a los mensajes de gente desconocida. Alexia sin embargo, fue una de esas pocas e inusuales excepciones que él había hecho en su vida. Durante el tiempo en que ambos se conocieron, lograron conectar sus sentimientos a la distancia, de manera profunda y significativa. Sin embargo, nunca pudieron formalizar a tiempo una relación más personal y concreta, debido a las circunstancias que rodeaban a ambos en aquél entonces. Mason como tal, dedicaba como siempre su tiempo a tratar de comprender de alguna manera qué sucedía realmente en Silent Plain, mientras que Alexia por su parte, padecía de una condición de salud bastante débil, y vivía bastante lejos de él. Aún teniendo ambos estas cosas en cuenta, lograron en su momento ser muy cercanos, al punto que casi lograron estar juntos, si no fuera que la enfermedad que Alexia padecía, finalmente acabó con su vida. Tomó la decisión entonces, de viajar a su lecho de descanso definitivo, a despedirse finalmente de ella.

Durante su último tiempo de vida, Alexia comenzó a redactar un diario de vida personal, en el cuál escribió sobre James y lo que sentía y pensaba sobre él. Aquél diario de vida yacía en las manos del padre de Alexia, quien se había contactado con él para hablarle al respecto. Su deseo era poder entregárselo finalmente a él, para que supiera lo que ella quiso decirle, y nunca pudo. Ese diario era una pieza clave que él necesitaba, para cerrar ese capítulo en su vida, que aún no lograba acabar del todo. Tenía la certeza de que las palabras y escritos plasmados por Alexia, que yacían en ese diario, podrían ayudarle a aceptar y comprender de mejor manera, todas las experiencias de vida que había fabricado con ella.

Dejó su bolso de viaje en la correa transportadora, y caminó hacia la susodicha salida. Iba pensativo, nostálgico. Un leve nudo en la garganta comenzaba a brotar mientras recordaba los últimos momentos que tuvo contacto con Alexia. Los recuerdos de aquellas últimas palabras, aquellos mensajes que encontró de parte de su padre, contándole el trágico desenlace de su historia, eran cosas que lo perseguían a ratos, memorias que aún no podía asumir y superar del todo, para continuar su camino por la vida, sin que ese suceso le afectase mayormente. Por otra parte, se sentía contento e inquieto con la idea de que finalmente iba a poder viajar hacia el país donde ella había nacido. Más que un viaje de placer, era un encuentro definitivo que estaba esperando hace ya mucho tiempo.

—Buenas tardes, por favor ajuste bien su cinturón, señor —le dijo la azafata, sujetando un carrito con souvenirs y cosas variadas—.
—Disculpe, no me había percatado del detalle. Gracias por avisarme, ¿srta… Denisse? —le respondió James, algo apresurado, ajustándose el cinturón—
—Así es, señor. No hay de qué. ¿Desea alguna cosa antes de iniciar el vuelo? —le preguntó en un tono amable—. Le ofrezco un aperitivo, si gusta, pero debe quedar sólo entre nosotros —le dijo, guiñándole un ojo—. No hay mucha variedad para elegir, pero al menos, puede ayudarle para relajarse un poco durante el ascenso. ¿Qué prefiere?
—Agradezco la consideración, y en cierta forma, necesito algo en estos momentos. Mi mente está inmersa en muchas cosas. ¿Tendría tal vez… algo de whisky? —le preguntó—
—Pues, ¡anda de suerte, señor! Justamente me quedan un par de botellitas aún de Chivas Regal para darle. Pero como le dije, que quede sólo entre nosotros, o tendré problemas, posteriormente. Aquí tiene —le dijo, depositando las botellitas en su mano—. ¿Se le ofrece algo más?
—Con este gesto, ya es más que suficiente, srta. Denisse. Muchísimas gracias.
—Me retiro por ahora entonces. En caso que necesitase alguna cosa, presione el botón que se encuentra en la parte superior, sobre su cabeza, a un costado del ducto de aire acondicionado. Que tenga un buen viaje —tomó su carrito con ambas manos y caminó hacia los asientos que estaban detrás de él—.

James cerró los ojos por un momento, e inhaló una bocanada de aire, que luego exhaló lentamente. Aprovechando la circunstancia de que no había nadie a su lado ni en la linea de asientos que se disponían en el otro extremo, abrió una de las botellitas que la azafata le había regalado, le tomó el aroma,  y se dispuso a beberla. Una vez que terminó su segunda botella, se dispuso a tratar de conciliar el sueño, en lo que le restaba de viaje. Sin duda, la distancia entre Silent Plain y Grecia era considerablemente larga, por lo que mínimo iba a estar durante casi todo un día en avión, hasta llegar al aeropuerto más próximo, en donde tendría que hacer el transbordo hacia su destino, si es que las condiciones eran favorables, y no hubiesen mayores retrasos o líos. James no poseía gran experiencia en lo que a vuelos respecta, pero estaba abierto a cualquier eventualidad que pudiese ocurrir durante el transcurso. Por otra parte, la sensación de ansiedad por leer y comprender finalmente qué era lo que Alexia había escrito en aquél diario de vida en su infancia, lo consumía casi por completo. Un pitido sonó en los altavoces del avión, seguido de un leve movimiento. El piloto anunció: “Buenas tardes, les habla el piloto del vuelo 815 de aerolíneas “TransPlain”. Tendremos algunas turbulencias durante unos minutos, debido a las condiciones climáticas presentes en estos momentos, en los alrededores de Silent Plain. Les rogamos mantenerse tranquilos, ya que esto no debería durar mas allá de unos minutos, ni tampoco debería complicar nuestro arribo a tierra. Manténganse en sus asientos, con sus cinturones ajustados, y en caso de ser necesario, acudan a las azafatas, quienes le atenderán según su necesidad. Lamentamos que ocurra esto, pero es algo que se escapa de nuestras manos. Que tengan un buen viaje, y agradecemos su preferencia”.

—Siempre ha sido toda una aventura el abandonar estas tierras, ¿no? —le comentó una joven que iba en la fila de asientos que se disponían al costado derecho, esbozando una sonrisa—. ¿Primera vez que vuela? —le preguntó—.
—La verdad de las cosas, es la primera, desde que he estado acá en Silent Plain, sin embargo, no es la primera vez que abordo un avión en mi vida —le contestó James—. Cuando llegué a este sitio, lo hice por automóvil, y desde aquél entonces, nunca tuve mayores necesidad de viajar en este tipo de transporte, salvo hasta ahora. ¿Viaja muy a menudo?
—Por la naturaleza de mi trabajo, debo hacerlo. Son pocas las veces que he tenido que visitar esta ciudad, en todo caso, pero siempre que he venido, ha sido toda una odisea el cruzarla por aire.
—Me imagino. Disculpe mi rudeza. James Mason —le dijo, mostrándole su placa—.
—Danielle Orosco —le contestó, sonriendo amablemente—. Miró hacia la parte trasera de su asiento, luego hacia todos lados. —¿le molesta si me siento a su lado, Sr. Mason? el vuelo es largo, y me encantaría poder disfrutarlo en compañía —dijo, levantando la mano para alcanzar el botón que servía para llamar a la aeromoza—. No creo que suponga gran riesgo el levantarme del asiento y caminar unos pasos, ¿o sí?
—Por mí no hay problema, pero consulte primero.

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