A loneliness [Una soledad] [Historia creada y basada en hechos reales…]


“…Ya basta… he soportado mucho tiempo esto… es hora de cambiar, de valorarme a mi misma, de quererme… No puedo seguir viviendo en un mundo de ilusiones, en el cuál tan sólo soy una “muñeca” para ti, una “pantalla” para disimular la realidad. No puedo ni quiero seguir contigo, ya que nunca me amaste… Me cansé de tus palabras vacías y sin sentido.  Me gusta otra persona… Debemos terminar… Es lo mejor… Nunca más podremos ser amigos nuevamente… Adiós.” “¿Sabes? Durante mucho tiempo, he estado sintiendo algo por ti.. Pero siempre tuve miedo de contártelo o de no ser correspondida… Quise decirlo durante tanto tiempo… Siempre fuiste una persona muy especial para mí. Ya llevas bastante tiempo desde que “pasaste” aquella desilusión amorosa… me da miedo, pero te lo diré… sé que te gusta la sinceridad y la valoras mas que nada… Y por ello, ya sabes, que cuando te digo que Te Amo, no lo digo por caerte bien a ti o a alguien más… Lo digo porque así lo siento realmente… No serás mi “Príncipe Azul”, pero yo tampoco soy que digamos una “Princesa Encantada”… Aprendí que a las personas, hay que quererlas y amarlas por lo que son y sienten, y no por lo que tienen y aparentan… Y aceptarlas con sus defectos y virtudes, de manera  recíproca y sincera.”

Después de pensarlo durante varias veces, a lo largo de lo que llevo de existencia terrenal hasta este momento, ha llegado el tiempo en que finalmente, le dé un final “GOOD” a mi querido alter-ego ficticio, o sea James Neo Mason… El pobre ha pasado por varias situaciones que han podido conllevar a ser posiblemente una víctima de asesinato, como también, otras veces, ha optado por el suicidio, y ha terminado a su vez, siendo víctima de entidades más influyentes, poderosas y a la vez superiores a él… Han habido situaciones en que ha logrado sobrevivir, o ha logrado salvarse y no salir tan afectado por las experiencias que ha tenido que sufrir… Aclaro de antemano que, en parte, las vivencias que  ha tenido James a lo largo de su vida, reflejan en cierta manera situaciones personales que he vivido yo con otras personas, las cuales he tratado de canalizar y superar a través de mis escritos… Es como una forma de “catálisis” personal a la cual recurro en ocasiones, para poder aprender de mejor forma la experiencia que me ha quedado de cada vivencia, y así mejorar paulatinamente como persona a medida que pasa el tiempo. He de aclarar, por cierto, que no soy alguien que se dedique frecuentemente a realizar este tipo de cosas. Por ende, si se pierde un poco el hilo argumental, o no sigue una trama acorde a lo esperado, o considera que no vale la pena seguir leyendo lo que expondré a continuación, Y ES MÁS, si no ha leído las anteriores experiencias relatadas y vividas por James (a.k.a. John) Neo Mason, tiene dos opciones sugeridas de mi parte: Agarre sus cositas, y vea otro sitio… O bien, LÉALAS… Así comprenderá mejor en gran parte las cosas que iré relatando en este sitio, a partir de ahora… Detalles se irán agregando a medida que pasé el tiempo y sean considerados necesarios y justos. Muchas cosas suceden a veces en mi diario vivir, y de hecho, es muy probable que se vayan agregando personajes en algunos puntos de la historia, pero ésto será con el fin de darle un toque argumental interesante, que valga la pena leer a contar de las primeras líneas. Es una novela EN PROCESO, híbrida y muy especial, a la cuál, como el título dice, trataré de darle lo más fiel a su origen, una conclusión acorde… —————————————————————–O——————————————————————— “¿Qué harás a partir de ahora?” se preguntaba constantemente, mientras miraba a su alrededor, en búsqueda de respuestas a la gran cantidad de sucesos que habían ocurrido durante estos últimos meses. Desde la academia, le habían llegado ciertos rumores de una oportunidad de ascenso a un cargo con mayores responsabilidades, lo cual implicaría necesariamente, el alejarse de Silent Plain por lo que le quedase de vida. Y si bien, no había tenido un buen pasar durante todos estos años, irse a  vivir a la ciudad, con mejores condiciones salariales, no era lo que él deseaba en realidad, más aún considerando el hecho de que durante este último tiempo, una persona con características bastante peculiares y a la vez, raras de encontrar en una persona, se había cruzado en su vida. “¿Y? ¿Ya tomaste una decisión definitiva sobre qué harás al respecto?”  Muchas cosas pasaban en su mente… cosas que lentamente iban provocando cambios en su persona… Había pensado durante tanto tiempo, que era un ser sin valor propio, que era un inútil, un bueno para nada, que nunca encontraría a una mujer que lo pudiese amar como él lo desease… Paulatinamente fue abriendo sus horizontes, y empezó a descubrir lentamente lo que significa amarse a sí mismo, a sentirse orgulloso por lo que sabe y puede hacer y sentir, y no necesariamente por lo que tiene materialmente… Pero esto, le seguía martillando su existencia… su mente… —Vaya vaya vaya… ¿Qué le pasó que viene llegando a esta hora? ¿Estará enfermito acaso? ¿Viene a avisar que no va a trabajar hoy?—le preguntó su supervisor, en un tono irónico—. ¿No irá a tirar licencia o sí? —prosiguió—. —No, para nada… solamente tuve una charla durante toda la noche… solo eso… Y dormí bastante poco, pero estoy bien, no se preocupe. Trabajaré… —le contestó, algo abrumado—. —¿Y Ud. es consciente de que tiene un deber y responsabilidades que cumplir, cierto? Si se sigue atrasando, al final va a terminar perdiendo su trabajo… Ya lo hemos conversado esto ya, y no se perjudica Ud. solamente… Nos perjudica a todos. —Lo sé, pero a veces, me dejo llevar fácilmente por asuntos personales, le pido me disculpe mi falta de responsabilidad… Trataré de mejorar mi puntualidad, y evitaré en lo posible faltar nuevamente. —Bueno, esperemos que no se repita… ¿Ya? Porque si no, las cartas de amonestación se van a transformar en un sobre azul que tendrá su carta de despido. —Está bien… Lo siento. Comenzaba así una nueva jornada de trabajo… Durante el día, no habló mucho con sus colegas, ya que no sintió mayores deseos de hacerlo, debido a que en su mente, tenía presente un pensamiento, mezclado con muchas ideas. Aún así, esto no fue extraño para sus compañeros, ya que estaban acostumbrados al comportamiento usualmente reservado que tenía James. A la hora de almuerzo, fue a comer solo, en un restaurante que era pequeño pero de ambiente casero y grato, donde servían comida decente a un precio razonable. Observó sin mucha atención el noticiero de la tarde, y luego de acabar con su orden, le pagó al mozo la cuenta, le dejó un poco de propina, como solía hacerlo, y se despidió sin pronunciar mayores palabras. En el tiempo libre que le quedaba, se fue a un sitio donde había pasto fresco, que usualmente nadie solía frecuentar. Se recostó, mirando al cielo, las escasas nubes que pasaban lentamente en él, y seguía pensando en su situación actual, en cómo mejorarla en todo sentido. Si bien, su trabajo le agradaba, no era suficiente para hacerle sentir completamente satisfecho. Al terminar su tiempo de descanso, se dirigió nuevamente a su trabajo, tratando de despejarse la mente, de las muchas ideas que lo distraían. Al igual que en la mañana, no hizo mayor interacción con sus colegas. La jornada acabó así, sin mayores novedades. Mientras iba viajando en el metro, en su mente, seguía pensando en lo que le había sucedido durante tantos años… Una larga ilusión amorosa, que casi lo llevó al punto de intentar suicidarse. Recuerdos de días felices, de promesas hechas “para toda la vida”, de experiencias hermosas, venían a ratos, como “flashes” breves, y se desvanecían en el pasar de los minutos. En un principio, estos recuerdos le causaban a James una gran rabia, o pena… Pero ahora esas emociones ya las había aprendido a controlar, y a aceptar lo sucedido como nada más que simple experiencia de vida. Si bien todo esto había sido un golpe muy duro para su persona, pese a todo, fue lo suficientemente fuerte para no cometer siquiera el estúpido acto de intentar acabar con su vida. En parte, contó con el apoyo de mucha gente: Familiares, Amigas, Profesionales, que lo aconsejaron, escucharon y apoyaron durante todo ese tiempo, que estuvo sumido en una importante y dolorosa depresión, que ya estaba superando paulatinamente. En cierto momento, un recuerdo muy extraño vino a su mente. Su cabeza comenzó a sentir un dolor punzante, cada vez más y más fuerte, de manera progresiva. Luego de eso, comenzó a ver que su entorno cambiaba, se volvía viejo, rústico, sucio. La pintura del vagón  en el que iba, se resquebrajaba y caía a pedazos, los asientos cambiaban a un aspecto sucio, desagradable, y el piso se volvía una reja metálica, oxidada, en la cuál se traslucían las llamas que yacían en el fondo, ardiendo suavemente. Las cenizas ardientes, volaban hacia arriba, apagándose lentamente al traspasar el enrejado del suelo… James Mason no sabía cómo explicarse toda esta anormalidad, este extraño suceso… Nuevamente se hallaba en esa dimensión alterna, extraña, y distorsionada… Así como cambió el entorno, a su vez, el metro se detuvo. Caminó hacia la puerta más próxima, y luego de forzarla durante unos minutos, la abrió, para dar justo con una estación de trenes. Al traspasarla, ésta se cerró herméticamente detrás de él, haciendo un chirrido de metales oxidados. El andén yacía vacío, y en las esquinas se acumulaban algunas bolsas de basura y cacharros. A lo lejos se oía un leve sonido de algo que se acercaba, y hacía chillar los rieles. Al mirar a sus alrededores, logró ver que un letrero decía “Capitol Station”. En unos momentos, apareció desde la oscuridad del túnel, un tren antiguo ante él. Se detuvo sin emitir mayores ruidos, y permaneció allí en el andén, en completo silencio. Sus puertas estaban cerradas, y dentro, no se veía nada mas que asientos vacíos y viejos, inmersos en una tenue oscuridad. De pronto, la puerta que estaba justo enfrente de él, se abrió de golpe, y una fuerza extraña lo empujó desde atrás, hacia dentro. Cuando James intentó devolverse para salir del tren, la puerta se cerró inmediatamente, cosa que casi le costó un apretón que podría haberle causado mucho daño. Todo permanecía callado, sin moverse ni nada. James comenzó a caminar a través del vagón, tratando de llegar a la puerta del conductor, para ver si podía encontrar alguna manera de reabrir las puertas y poder escapar. En un asiento que poseía una ventana con vista al exterior, yacía un papel. James lo tomó, y lo examinó. Era una carta para él. El remitente estaba borroso y no se alcanzaba a leer. La abrió, y comenzó a leerla:

“Querido James: Te escribo esta carta, que quizás sea algo larga, así como el tiempo que nos llevamos conociendo. La verdad, tengo tantas cosas que decirte, que confesarte, que me he estado reservando, por el tonto presentimiento de que puedas sentirte mal o no podamos concretar algo. He logrado conocerte bastante, apreciar tus sentimientos, valorarte como persona,  y sentir algo muy especial hacia ti. Sé que hemos hablado pocas veces en persona, pero tengo que serte sincera y decirte de alguna manera… Aunque sea doloroso.   Has sufrido durante mucho por tantas cosas, y quizás ahora, tengas que sufrir nuevamente.  Mi enfermedad, es algo con lo que tendré que cargar durante mucho tiempo, quizás una vida contigo. Sé que tu mayor deseo es ser padre de una niña, formar una familia, y en realidad me gustaría poder cumplir esos deseos… Pero me apena el hecho de que esto me esté pasando, y me impida concretar esas metas.  Quisiera haber podido ser mas sana, haber podido ser una mejor opción para tí, haber podido luchar mas tiempo… Pero mi cuerpo, ya no me acompaña.   Durante todo este tiempo, me he tratado de recuperar, de ser fuerte, de esperarte, pero creo, que todo mi esfuerzo, ha sido en vano, y ya no puedo continuar más…  Cuando el médico me dio su observación, no tuve muchas esperanzas… Y me sentí triste y sola, y con muchas ganas de verte. Pero tú estás lejos, y dudo incluso que podamos volver a vernos. Tengo miedo de que no vengas nunca a verme, o que nunca pueda ir yo.  A lo mejor, en estos momentos, me odias, o encontraste a alguien que pueda cumplir tu sueño. Sólo espero que lo que sientas, sea para tu propio bien.   Todo lo que he sucedido durante este período de tiempo entre tú y yo, me ha hecho bastante feliz y me ha dado en gran parte fuerzas para seguir viviendo. Pero aún así, no fueron lo suficientemente efectivas para acabar con este mal, que no tiene cura. Perdóname por todo lo que te hice, por lo que nos hicimos. Me da por pensar en estos momentos, que jamás debimos conocernos, que nunca debimos hablarnos, vernos siquiera… Pero la vida a veces da sus vueltas, y nunca sabes con quién te terminas topando en ella. Y es triste, que tengamos que separarnos así, y terminar con todo esto, de esta manera…  Sé que no me perdonarás nunca quizás.  Pero James… Tan sólo recuerda… Que te Amo… Que desde que te conocí, te he amado, con mi corazón y mi alma… Y que siempre te Amaré… Aunque sea en silencio y sin derecho a hacerlo…  Creo que esto ya se ha alargado demasiado ya… Es mejor que me despida de tí, por ahora. James… Perdóname… Si pudiese volver el tiempo… Me siento tan culpable, tan inútil, tan egoísta, tan débil… La rabia y la pena me consume por las circunstancias actuales que cada uno está pasando, a la distancia.  Aún así, lo que vivimos, no lo cambiaría por nada de este mundo… Aunque te haya causado todo este dolor, créeme, no era mi intención, y todo lo que hice, fue realizado con Amor y Cariño.  James, quisiera decirte también, que pese a todo, me hiciste sentir como nadie lo había logrado antes… Te fijaste en esa parte, que nunca nadie antes supo observar… Viste dentro de mi corazón… Fuiste el primero en eso. Te esperaré en nuestro “lugar especial” por siempre.   Perdóname por Amarte tanto… Vive por tí mismo y sé lo mejor por tí y nadie más… Amándote eternamente… Hasta siempre… A.”

Al terminar de leer esto, el tren comenzó lentamente a moverse, adentrándose en la oscuridad del túnel. James mientras, releía la carta, y sin explicarse porqué, derramaba lágrimas, así como una profunda emoción inundaba su pecho. Un nudo se formaba en su garganta, y de alguna manera, sentía que conocía a esa persona. En algún lugar, en alguna parte, en alguna época, sentía dentro suyo, que la había conocido. Del interior del sobre, cayó una foto. Aquella foto era antigua, en color sepia, y no se notaba con mucho detalle quién era la persona. Una silueta de un rostro de mujer se lograba distinguir en ésta. El tren se detuvo bruscamente, y abrió sus puertas, en el andén de otra estación vacía y extraña. Esta no poseía nada de carteles, ni asientos. Sólo una escalera que daba hacia una luz que se veía en lo alto, al final de ésta. James guardó en un bolsillo la carta y la foto, y procedió a salir del vagón. Al ponerse fuera, el tren inmediatamente comenzó a dar marcha nuevamente, alejándose rápidamente. Como no había nada mas que las líneas de la estación y las escaleras, optó por subir para averiguar hacia donde daban. Se encontró justo a la entrada de un gran hospital, algo deteriorado y de aspecto abandonado, que a sus alrededores, poseía grandes murallas que impedían tomar una ruta alternativa, lo cuál le obligaba a entrar en el recinto. Una vez dentro, en la recepción, se encontró con una llave en el mesón. Al parecer pertenecía a una habitación que se encontraba en el 4° piso. La etiqueta al reverso decía “402”. Al no haber ninguna escalera, y todas las ventanas clausuradas con barrotes, caminó hasta dar con un ascensor. Tocó el botón de llamada, el cuál se encendió durante unos segundos mientras llegaba. Subió y miró el tablero de botones. Todos estaban rotos, y ninguno funcionaba, excepto por el que pertenecía al N°4. Al presionarlo, la puerta se cerró emitiendo un fuerte chirrido, y comenzó a funcionar. La flecha iba indicando en que piso iba pasando, hasta que el elevador llegó al susodicho piso 4, en el cuál se detuvo, quedando en completo silencio por unos instantes. Luego, se abrió la puerta, emitiendo otro ruido de fierros viejos. James descendió, y el elevador nuevamente se cerró a su espalda, de manera casi inmediata. El piso no era tan diferente del resto, ya que también tenía barrotes en las ventanas, y estaba todo viejo y sucio a los alrededores. Algunas camillas se encontraban repartidas, con sábanas antiguas y rotas, y veladores polvorientos y quebrados. Todas las puertas que se encontraba a su paso, estaban con las manillas malas, o simplemente no tenían nada, por ende, no se podían abrir. Dio con una, que se notaba de aspecto diferente al resto. Era relativamente nueva, y tenía una cartilla de observaciones guardada en un soporte de cristal. La comenzó a leer: Doctor Kauffman… Posee un grave estado… Problemas en su vida a largo plazo… pocas esperanzas de vida… Una placa metálica en la parte superior indicaba que esa era la habitación n° 402. Sacó la llave, y la puso en la cerradura… Giró y abrió la puerta. La habitación lucía completamente diferente al resto de lo que había afuera de ella. Estaba iluminada con tubos fluorescentes, todo estaba en buen estado, limpio, y ordenado… Se dirigió lentamente hacia el biombo que estaba ocultando la única cama en la habitación. Al lado de esta, había un velador con un vaso de agua cristalina y unas pastillas pequeñas. Al llegar a éste, lo apartó despacio, y miró a la persona que se encontraba allí… —Hola —dijo él, mirando sorprendido a la mujer—. ¿Quién eres? —Al fin llegaste, James… Soy alguien que pudo hacerte muy feliz…—le contestó, con un tono suave—. Pero ya no podré. —Perdón pero… ¿Nos conocemos? —le preguntó James—. Tu rostro al menos, no me parece familiar. —Para tu bienestar y tranquilidad… Aún no… Pero es para mejor… Muy dentro de su interior, James sentía que existía una clase de lazo entre ellos, algo como un recuerdo vago y borroso que yacía en su mente. —Creo que nos hemos visto en alguna parte, señorita. Dígame, ¿qué hace en este lugar tan extraño y solitario? —Evitar una tragedia… Es por eso que te he guiado hasta acá, James Mason, para dar un fin a todo. —¿Tragedia? ¡Pero si ni siquiera nos conocemos! ¿Está consciente de lo que dice? Y aparte, ¿cómo sabe mi nombre? —James, lo que importa ahora es… Que ya nada importa. Nunca podríamos haber sido felices… no en este estado. Tú habrías sufrido mucho y yo también, al verte deprimido por mi —una lágrima comenzaba a rodar por su mejilla— y decayendo paulatinamente. Lo mejor es que nos despidamos para siempre. —Pero espera, al menos dime tu nombre —una presión le inundaba el pecho— o dime porqué dices todo esto! —un nudo se comenzaba a formar en la garganta—. —James, pese a todo, quiero que sepas que siempre, te quise mucho, aunque sabía que esto terminaría así —continuó ella—. Siempre quise ser una persona especial para ti. Quise ser… tu esposa… Llegó la hora… Adiós, James, te Amo… —Espera! —una puntada le atravesó el cráneo— ¡¡Aghhh, no otra vez!! —gritó, agarrándose la cabeza con las manos—. Cuando recuperó la consciencia, se encontraba tendido en un cementerio, en el cuál predominaba una espesa niebla. A sus pies, yacía una tumba reciente. El nombre estaba borroso, y no se distinguía bien a quién pertenecía. En la fecha de fallecimiento, figuraba “22 de Septiembre de 2010”. —Un momento… Esto no está bien —miró su celular y revisó la fecha: 22 de Septiembre de 2010—. Una lluvia de recuerdos invadió su mente como si se tratase de una película sobre su vida. Recuerdos sobre su primer beso, sus ilusiones, y lo último que había pasado con aquella extraña joven, presuntamente desconocida hasta ese momento. Cuando terminó de recordarlo todo, inconscientemente estaba apuntando su pistola a su sien. Exclamó el nombre de ella, en un grito ahogado en tristeza, y jaló del gatillo.  “Ahora podemos estar juntos…” Dedicada a mí mismo… Y en memoria de Alexia Weels Vranjes. Que en paz descanses, Querida mía…

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