La Carta…


Una calurosa noche de diciembre transcurría. Mason se encontraba en su escritorio, revisando sus cuentas de redes sociales e informaciones. Había decidido crear un perfl privado y personal en Facebook, para mantener contacto con sus ex-compañeros de la academia. La gran mayoría de ellos se encontraba haciendo misiones en el extranjero, por lo que le era algo complejo el mantener contacto por medios telefónicos. Usaba un alias por el cuál era conocido en la institución, y que sólo sus conocidos lo sabían, por lo cuál no tuvo mayores inquietudes por su privacidad. Era virtualmente conocido como “Neito-san”, y no puso mayores datos personales. Un nombre poco usual, y poco predecible. La sensación térmica bordeaba los 30 grados, a esa hora de la noche (23:30), y difícilmente se podía dormir, por lo que James decidió invertir algunas horas de insomnio, revisando el acontecer mundial y posteando por ahí. Curiosamente de pronto, mientras leía sobre unos incendios forestales en las cercanías de Paleville, le llegó una solicitud de amistad, de alguien que al parecer, no conocía de ninguna parte. Era una mujer, que se llamaba Mary Weels, y adjuntaba un mensaje que decía: “Estoy esperando por tí, en nuestro lugar único y personal”. Se extrañó por un momento, ya que él nunca había tenido una relación amorosa en su vida, y de las amistades femeninas que él conocía, ninguna se llamaba así, o tenía la apariencia de la joven en la foto de perfil. Reflexionó por un momento, si debía aceptar la solicitud, o bloquearla, para evitar que su perfil pudiese ser expuesto o espiado por alguien que no lo conociese. –Estás siendo algo paranoico, James… Hazle la pregunta sobre tu pseudónimo… Si te conoce, te lo dirá” –pensó. Es probable que sea una amistad de uno de mis conocidos, y quizás alguien le habló sobre mí y le dió la dirección de mi cuenta, no importa. Tecleó brevemente un mensaje de respuesta, preguntándole si sabía su alias, y avisándole que si no lo conocía, la iba a ignorar. Una ligera brisa entró por una de las ventanas abiertas, y le refrescó levemente la nuca. Envió el mensaje, y siguió revisando lo que estaba leyendo. Su iPod comenzó a sonar, avisándole que tenía una notificación de algo. Lo sacó de su bolsillo, y observó el mensaje que figuraba en la pantalla. Eran caracteres raros e ilegibles, lo cuál le hizo pensar inmediatamente que su dispositivo estaba descompuesto quizás. Un sonido extraño, de interferencia mezclada con voces, comenzó a emitirse por el parlante del iPod. James comenzó a presionar los botones, tratando de reiniciarlo o apagarlo, temiendo lo peor. Las voces paulatinamente, se empezaron a esclarecer y convertirse en una voz delicada y suave de mujer, que repetía “Neito-san… James… …estro lug… …nico y espe…”. Luego de unos minutos, entre algo de desesperación y extrañeza, el aparato se apagó repentinamente, luego volvió a encenderse, y se inició como si nada hubiese sucedido. James lo contempló durante un rato, luego comenzó a verificar si todo funcionaba bien. La música se oía sin chicharreos ni problemas, la pantalla respondía a sus gestos táctiles, los programas se abrían y funcionaban como de costumbre. Parecía mentira, que hace unos momentos atrás estaba como si fuera a descomponerse. Al ver que tenía poca batería, lo conectó a su equipo para cargarlo, y revisó su perfil nuevamente, esperando que hubiese una respuesta de Mary.

“Neito-san” figuraba en su bandeja de mensajes privados, como respuesta de parte de ella. Al ver esto, decidió aceptarla, y verificó si estaba conectada para poder charlarle directamente, y preguntarle quién era y de donde lo conocía en realidad.
—Hola, buenas noches, Srta. Weels —tomó un sorbo de su whisky añejo, que solía degustar de vez en cuando—.
—Hola James —le respondió informalmente, como si se hubiesen conocido de toda una vida—.
—¿Que tal? ¿como ha sido su día? —Preguntó, manteniendo la formalidad—.
—Como todos los demás…
—¿A qué se refiere con eso? —James comenzó a agarrar interés—. Como era detective, era algo común que lo demostrara casi inconscientemente.
—Ya lo sabrás a su debido tiempo. Deberás emprender un viaje muy pronto, y encontrarte conmigo.
—¿Un viaje? Pero ¿Porqué? Apenas estamos empezando a charlar, no creo conocerle, y ya me está hablando sobre emprender un viaje… ¿No me estará confundiendo con alguien más, o sí?
—No, eres tú James Mason, a quién me dirijo y digo todo esto. Por ahora, relájate, ya lo sabrás a su debido tiempo todo. Tan sólo te pido, que confíes en mí y tengas paciencia por ahora.
—Pero si me dice todas esas cosas, ¿cómo espera que confíe en su persona entonces? Estoy empezando a considerar el bloquearle acceso a mi cuenta.
—James, tranquilo. Ya lo sabrás todo muy pronto. Hasta luego —Mary se desconectó—.

Empezó a leer sobre la información que ella había escrito sobre sí misma en la cuenta. No tenían amigos en común, y de hecho, la única conexión de amistad que figuraba, era la cuenta de él, y nadie más. No poseía creencias religiosas, ni ideologías políticas, no tenía filosofías o frases o gustos particulares. Sólo figuraba su nombre y su foto. Era una joven de tez algo tostada, levemente morena. Tenía sus cabellos negros, una nariz poco delgada pero bastante común al promedio de la gente, y unos labios de color rosáceo pálido, que demostraban una expresión neutra. No se podían visualizar los ojos ni las cejas, ya que llevaba unos lentes de sol que le cubrían esa zona. Se notaba a primera vista, como una joven decente, pero con un aire ligeramente misterioso. James guardó una copia de aquella foto en su iPod, para tenerla allí presente, en caso de que la encontrase por allí, en las calles de Silent Plain. Miró la hora, eran ya las 2:30 de la madrugada. Tomó de un sorbo lo que le sobraba en el vaso, que era más agua que whiskey, ya que el hielo se había derretido en gran parte por el calor, apagó su equipo, y fué a acostarse.

Cuando ya se encontraba bastante dormido, comenzó a soñar algo bastante extraño: Estaba en una playa, solitaria, el sol no calentaba lo bastante como para torturarlo o hacerle sentir mareado o deshidratado. Las olas rompían suavemente en la playa, y el viento repartía parte del olor a mar, mezclado con ligeras y diminutas gotas de agua, que salpicaban cada vez que llegaba una ola a la orilla. Era una escena pacífica, sin mayores alteraciones o sonidos, más que los ambientales. Entre toda esta quietud, una silueta comenzó a aparecerse a la lejanía, caminando lentamente hacia donde él estaba. Llevaba un vestido blanco y al parecer, encima de eso, un pareo floreado de florecitas rosadas de centro amarillo pálido. Durante algunos minutos, no pudo divisar quién era exactamente, hasta que se acercó lo suficiente para que James pudiese ver su rostro. Era Mary, y traía consigo, un papel en su mano derecha.

—Toma James. Esto te pertenece —le extendió el papel—. Léela y comprenderás.
—¿Que es? ¿Una carta, un documento, una lista? —dijo, examinándolo brevemente—. ¿Porqué dice que me pertenece?
—Porque es algo que yo escribí para ti, James. Una carta con la que comprenderás todo.
—¿Qué debo comprender? ¿A qué se refiere con eso? ¿Acaso le he hecho o dicho algo a su persona?
—Todo a su momento. Ya verás.
—¿Pero yo…? —volvió a examinar la carta para poder leer las primeras lineas de ésta y saber de qué se trataba todo esto—.  La tinta se había borrado y no se podía entender que había allí escrito. Sólo garabatos generados por las manchas que se habían impregnado en el papel. Mary comenzó a caminar nuevamente en dirección contraria.
—Espera, ¿donde vas? ¿Porqué me entregaste una carta ilegible? ¿Quién eres…? —despertó súbitamente en su cama—.

Ya era cerca de las 3 y media de la mañana, según indicaba su reloj de sobremesa. Miró en su mano derecha casi instintivamente, pensando en el sueño, y en la posibilidad de que se encontrara la carta, pero no tenía nada. Sólo un sueño, como los otros tantos que he tenido este último tiempo, se dijo a sí mismo. Se levantó y fue a la cocina, con la idea de tomarse otro vaso de whiskey añejo, pero en el momento que sostenía la botella para abrirla, se arrepintió, y la dejó nuevamente guardada en el mueble. Seguir bebiendo, sería excederse… pensó. Se dirigió a su estudio, buscó su pipa, le echó una cantidad generosa de tabaco con vainilla, y salió al patio. Miró el cielo por un instante, el cuál se encontraba despejado, y con luna nueva, lo que significaba que había una oscuridad más profunda que la usual. James se fascinaba mirando las estrellas desde que era pequeño.  Siempre le había llamado la atención el averiguar qué era lo que había en cada estrella y sus alrededores, mirar los satélites mientras se desplazaban lentamente por el espacio, observar las constelaciones, y disfrutar del aire fresco que generalmente corría por las noches en Silent Plain, cuando el clima era decente. Otras veces, caía una neblina que no dejaba ver más allá de unos cuantos metros. Encendió con un fósforo su tabaco, y comenzó a degustarlo, mientras intentaba recordar cada detalle de aquel extraño sueño que había tenido. Recordaba haberle visto antes quizás, cuando era un adolescente y estaba estudiando, y empezaba a tener esta clase de sueños ya. Durante un tiempo se hizo múltiples exámenes, para poder dar con la causa de éstos, pero ninguno arrojaba resultados favorables o atribuibles al origen de éstos. Su salud era generalmente normal en todo sentido, y no tenía mayores problemas físicos, que pudiesen ser de importancia alguna. Fumó el resto de lo que le quedaba en su pipa, y fue al baño, para mojarse la cara y despejarse un poco. Miró durante un rato el espejo, el cuál reflejaba su rostro sin nada extraño o curioso, además de parte de la estancia. Se dirigió a su cuarto y volvió a quedarse dormido.

A la mañana siguiente, se levantó, cogió sus cosas, y salió a dar una vuelta por los alrededores. Silent Plain había amanecido con un día ligeramente nublado, con tendencias a terminar completamente cubierto. Caminó por la calle Lindsey para llegar al que era uno de sus sitios de costumbre: el “Café Texan”. Tendido en el piso, se hallaba un perro viejo que levantó levemente su cabeza, cuando James pasó frente a él. Un gato gris oscuro se aseaba en el tejado de una de las casas del frente. Era el gato de la señora Bates, que era de mediana edad, algo travieso, pero a la vez cariñoso. Cada vez que divisaba a Mason, corría a su encuentro maullando fuertemente, con su cola parada, y se paseaba entre sus pies, arqueando el lomo y ronroneando.
—Ohhh… ¿como estás pequeño Chandler? —le dijo James acariciándole la barbilla, al tiempo que ponía una sonrisa de felicidad—.
—krrrrnyaaaw… krrr…krrrr… —le contestaba el gato en su lenguaje felino—.
—Sin duda se nota que sabes lo que quieres, ¿eh? Ten calma, ya llegará la hora de tu almuerzo —le pasó la mano por el lomo mientras el gato le frotaba la cabeza en su brazo con los ojos cerrados—.

Chandler fue y se recostó en una parte del suelo, cerca de la entrada al café. James entró al recinto, que como era usual, estaba solitario a esas horas. Dentro del café había en un rincón una vieja Rockola que aún funcionaba, al lado de esta, una máquina de pinball de Baywatch, seguida de la parte final de la barra para servirse. Unas mesas pequeñas se disponían cerca de las ventanas,  las cuales poseían sus respectivos envases con azúcar, servilletas, y algunas revistas de ocio y tiempo libre. El interior no era muy iluminado ni espacioso, pero evocaba cierto aire familiar y acogedor, a la vez de nostálgico y pasivo.

—Hola James, ¿que tal? ¿Como amaneciste? —le preguntó Dwayne desde el otro lado de la barra—. Por tu cara me parece que no tuviste una buena noche… De seguro no te habrás excedido con el whiskey, ¿eh? Jajajaja…
—No exactamente, y buenos días —le respondió, acomodándose en su silla habitual— Tan solo tuve un uno de esos sueños que… No importa. Ya pasó.
—Está bien, si no quieres comentarme al respecto, lo comprenderé. Después de todo, no puedo obligar a un amigo a hacer algo en contra de su voluntad, ¿verdad? Jejeje…
—Es que francamente, no vale la pena. Por cierto, ¿conoces por esas casualidades alguna joven llamada Mary Weels?
—¡Tan temprano y ya estás interrogándome como si fuera un testigo, James! —dijo él, en un tono sarcástico— Jajaja… No, no conozco a ninguna persona que se apellide “Weels”. Si lo supiese, te diría inmediatamente que sí, porque es un apellido bastante particular para pasar desapercibido. ¿Consultaste el directorio telefónico de Silent Plain, por si hubiese alguna persona llamada de esa manera? —le puso el libro sobre la mesa—. A lo mejor entre las listas encuentras a quién andas buscando… ¿Se trata de alguna asesina, estafadora, cometió algo raro?
—No, no es nada de eso. Por lo menos hasta lo que la conozco, no he sabido de que haya hecho algo en contra de la ley. Es sólo que está relacionada con algo personal. Me tomarás por tonto quizás , pero tiene que ver con el sueño que tuve anoche.
—¡Vaya! ¿James Mason, en busca de “la mujer de sus sueños”? No pensaba que tuvieses esas tendencias tan extrañas, muchacho. Siempre me impresionas con tus rarezas. Bueno, de hecho, el pueblo en sí, no es nada “normal” que digamos, y tu sabes de qué estoy hablando, James.
—Lo sé. Desde que llegué hace unos años atrás ya, ocasionalmente me he topado con cosas bastante raras y tétricas. Y son contadas las veces que he podido dar con razones factibles y creíbles, lo que ha sucedido o hecho algunas personas. Pero, aún así, algo tiene este pueblo que, pese a todo ello, no me asusta, ni me provoca ganas de abandonarlo. Al contrario, cada vez más me interesa averiguar sobre su historia, y los motivos de porqué ocurren esas cosas. Pero… No he hallado resultados fructíferos que valgan la pena para justificar el porqué de todo lo que aquí sucede. Por ahora mi estimado, prepáreme por favor un vanilla expresso, mientras sigo revisando los apellidos.
—Tienes razón. Me dejé llevar un poco por lo que charlábamos, y olvidé por un momento que tenía que preparar tu orden, usual —comenzó a preparar la taza, mientras le echaba algunas semillas de vainilla molidas— Sin azucar, ¿verdad?
—Sí, por favor. No me agradan mucho las cosas dulces, y saboreo mejor la esencia de la vainilla y el café mezclados, cuando no llevan algo dulce. En esta guía no, no aparece nadie con ese nombre —dejó el libro en un extremo de la barra—. Creo que tendré que revisar los expedientes y el registro de censo histórico de Silent Plain. Quizás allí encuentre algo.
—Es lo mas seguro. Aunque desde lo que llevo viviendo en este sitio y atendiendo mi negocio, como te dije, nunca he oído ese apellido. Es más, ni siquiera en mi vida —puso la taza en la cafetera—. A lo mejor ni siquiera exista en la realidad —le extendió la taza humeante de café, la cuál expelía un aroma intenso y agradable a vainilla—.
—Gracias. Bueno, hay que agotar todos los recursos antes de dar algo por inútil o sin respuesta —tomó un sorbo de café— ¡Wow! Increíble, como siempre —exclamó—. Tienes un don para preparar este tipo de cosas, Dwayne. Cada vez que lo pruebo, tiene algún matiz distinto a los que he probado en ocasiones anteriores.
—Jeje, es la receta secreta de nuestra familia. Una tradición que yo llevo ahora en mis manos. Y quizás muera conmigo —suspiró levemente—. Debí haberme preocupado de tener algún “retoño”, durante todo este tiempo, pero ya después de tanto tiempo transcurrido, no llegó esa persona que quiera cumplir ese sueño.
—¡No te desanimes, amigo! Aún eres algo joven como para darte por vencido ante ello. A lo mejor si pasearas un poco más por ahí…
—Pero dime ¿Crees que en este pueblo, hay alguien que valga la pena para que sea mi esposa? Conozco a la gente que vive aquí James. Y nadie, pero NADIE ha llegado a interesarse por mí y/o viceversa. No te preocupes. Ya me resigné a morir solo, triste y viejo, como la señora Bates. Aunque ella tiene alguien que la acompaña, después de todo.
—¿Te refieres a Chandler?
—Sí… ese gato que anda merodeando por los alrededores… Al parecer te tiene un cariño muy grande. A veces incluso, se me da a pensar de que ese gato no es de ella, si no tuyo.
—Es verdad. Pero aún así, pese a su simpatía gatuna, siempre está de punto fijo en el regazo de la Sra. Bates, cuando sale a reposar en las tardes cálidas, en su silla de mecer. O a la hora de comer, que es cuando siempre se escabulle hasta llegar a la cocina de ella, para su ración diaria. Deja todo tirado, y corre sin miramientos entre los tejados, hasta llegar a la casa de ella —tomó el frasco con crema y le agregó un poco a su taza—. Se nota que tiene mucha energía.
—Claro. Gracias a él, en gran parte, no hemos tenido grandes problemas de ratones en este pueblo, pese a que las condiciones son favorables para ello, debido a que es un lugar bastante viejo. Pero aún así, Chandler ha sido de gran ayuda.
Por cierto, ¿le acabas de echar crema a tu café? Tienes gustos raros, James —le comentó, mirándolo un tanto extrañado—.
—Jajaja, ya me conoces en parte, Dwayne. Salgo del promedio de la gente, y me gustan las cosas poco usuales. Como un café vanilla expresso con crema —tomó el último sorbo—. ¿Por esas casualidades casuales, tendrás algún acompañamiento para otro café, que me recomiendes esta vez?
—¿Que tal un trozo de tarta de plátano, que me trajo Elize? Me dijo que la probara, y si me agradaba, que se la promocionase entre los clientes, para extender su fama como Chef Pastelera. Se recibió hace poco de su carrera, y mientras encuentra algo mejor, me propuso hacer un pequeño negocio conmigo. Dale una probada, de seguro no te arrepentirás —recortó un pequeño trozo y lo puso en un platillo—. La chica tiene talento, y debo admitir que es una de los mejores preparaciones que he degustado en mi vida.
—Mmm… ¡rayos! ¡Pero si esto es un verdadero placer para el paladar! No soy de cosas muy dulces, pero esta tarta está bastante bien equilibrada entre sabor y textura —dijo, comiéndola con alevosía—. Dale mis felicitaciones cuando la veas nuevamente.
—Ella vendrá por la tarde, para recaudar lo que le logre vender por el día y los contactos que le pueda hacer. Me ha comentado que desea abrir una pastelería en un futuro cercano, cuando tenga los recursos para ello.
—De seguro será popular, si sabe preparar cosas como esa tarta. A lo mejor ayude en parte al turismo de este sitio. Hace algún tiempo que no se ve muchas personas nuevas acá en Silent Plain. De hecho, me pregunto como lo estará pasando el gerente del Hotel Creeks…
—Él no ha pasado por mayores problemas este último tiempo. Su clientela, según me ha contado, no ha sido muy afluente, pero no ha sufrido mayores problemas económicos al menos. Aunque cabe destacar el hecho de que tuvo que despedir a sus criadas y ama de llaves , lo cuál le ha dado un respiro económicamente hablando, por ahora. Es penoso por ellas, que tuvieron que regresar a Pleasant Ville, en busca de mejores oportunidades. Espero que les esté yendo bien en estos momentos.
—Confío en que así debe ser. No cualquier persona en estos días toma ese tipo de cargos y/o se desempeña en ellos. Es algo complejo encontrar una buena ama de llaves, y Ruth según recuerdo, sabía hacer muy bien su trabajo. Nunca tuve motivos para dejar quejas cuando tuve que quedarme un tiempo por esos lados, debido a una investigación que llevé relacionada con cosas que acontecieron en las cercanías del lago que se encuentra frente a ese recinto.
—Ah, si lo recuerdo, el caso sobre los asesinatos múltiples. Pero ¿diste con el paradero del criminal al final o no, James?
—No debería decirte esto, pero como eres alguien de confianza, te confieso que ese caso quedó inconcluso. No se sabe a ciencia cierta, si hubo participación de algún culto o simplemente se trató de algún animal u otra cosa. Nadie pudo dar testimonio final respecto a ese acontecimiento. Pero la investigación sigue abierta por ahora, en vista de si se obtienen mas detalles al respecto. Si sabes algo…
—Cuenta conmigo, estimado. Cualquier rumor sospechoso o persona que pueda parecer autor de eso, te lo haré saber a tiempo.
—Lo sé, Dwayne. Sé que puedo contar contigo para ese tipo de cosas. Aunque francamente hablando, no se ha sabido de acontecimientos relacionados con ese suceso últimamente. Además, estoy enfocado en saber más sobre Mary en este momento, que otras cosas. Me pregunto si vivirá aquí u en otro lugar ahora…
—¡Hey!, no le des tantas vueltas… Recuerda que sólo es un sueño, nada más. Probablemente ni existe en la vida real. ¿Quién se llamaría Mary Weels de todas formas? Que nombre tan excéntrico y peculiar para una mujer —dijo Dwayne, frunciendo el ceño—.
—Algo me dice que tengo que encontrarla, amigo. Algo que no puedo explicarte, me dice que esa mujer existe en algún lugar de este mundo, y me está pidiendo que nos encontremos para algún motivo en particular, que por el momento, desconozco.

-DE ACÁ EN ADELANTE, SPOILER, NO LEA A MENOS QUE QUIERA AVANZAR UN POCO DE HISTORIA!-

Su habitación, ya no parecía la misma que él conocía y poseía normalmente. Todos sus muebles estaban viejos, oxidados, las paredes con el papel rasgado en algunas partes, y el concreto roto, con rejas oxidadas entremedio. El techo tenía la pintura descascarada en gran parte, y estaba todo sucio alrededor. Su propia cama, no era la misma, si no, que era una camilla de hospital, vieja, con sábanas rotas y manchadas con óxido, y algo que parecía sangre. A un costado yacía un soporte de suero, del cual colgaba una bolsa con un líquido oscuro y espeso dentro, que estaba conectado a una aguja intravenosa que se suspendía en el aire. James como por acto casi reflejo e instinto, se revisó las manos, muñecas y la zona interior de los codos, para ver si tenía alguna marca de la aguja, pero no encontró nada. Se incorporó en la camilla, pero cuando trató de mover sus piernas, se dio cuenta que los tenía atados con una especie de correas viejas y desgastadas, a los pies de la camilla. Procedió a quitárselas, lo cuál no le costó mucho, ya que las hebillas cedieron pronto al forcejeo que realizó. En una silla estaba su ropa usual (Camisa, pantalones de tela, entre otras cosas) la cuál se puso sin mayores preocupaciones por su apariencia u otras cosas personales. Cogió una linterna de bolsillo que había en una mesita de noche que él tenia, busco por si hallaba por ahí su iPod, pero no lo encontró en ninguna parte. Sólo poseía su celular, que lo había dejado guardado en un bolsillo de su pantalón, el cuál no tenía señal de servicio ni de emergencia, así como sus documentos y placa. Junto con la linterna, tomó una libretita de notas que siempre llevaba consigo, para anotar ciertos detalles que pudiesen parecer importantes. Trató de abrir las ventanas y mirar el exterior, pero éstas estaban cerradas y bloqueadas con tablas clavadas que impedían el poder mirar hacia afuera. Todo apuntaba entonces, a que James debía salir y recorrer lo que se suponía, era “su casa” en una especie de pesadilla.

A la lejanía comenzó a oírse un sonido de sirenas de incendio, entremezclados con el resonar de una campana. Intentó abrir la puerta de su cuarto, pero el pomo se encontraba trancado y no cedía nunca, pero de pronto, una fracción de la pared adyacente se derrumbó, lo que le dio la posibilidad de poder salir de allí. Lo que se suponía, era el comedor, que estaba casi inmediatamente conectado con la pieza, la cocina y el baño, se había transformado en una sala de espera de hospital, en la que había un mesón de atención, unas cuantas puertas en un pasillo que daba la vuelta y continuaba hasta un ascensor. James trató de salir por la que se suponía era la puerta que daba al exterior, pero al igual que la puerta de su habitación, también se encontraba atascada. En un instante después, fijó su mirada en una hoja de diagnóstico que yacía en la mesa. El espacio en donde iba el nombre del paciente, tenía escrito: “M. Weels” y como fecha de ingreso, unos 3 años atrás aproximadamente, contando desde la fecha actual. La enfermedad o problema que se le había detectado, era “Anemia Hemolítica” y el tratamiento que se le había designado, consistía en transfusiones periódicas, en un intervalo de una vez cada 2-3 semanas, y otros exámenes, como scanners, perfil bioquímico, etc.  Al ver esto, James recordó a la muchacha con la que había charlado, y no puso en duda que se trataba de ella, en lo más probable. Sacó el papel del sujetador de planillas, lo guardó en un bolsillo y avanzó por el corredor.

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