La Importancia de un buen corte de Pelo (Del Antiguo BLOG) Trabajo de edición EN PROGRESO


Vuelvo a re-publicar mi primera novela de larga duración con las correcciones correspondientes… Esta historia fue publicada en mi primer blog, hace muchos años atrás ya… Es increíble como pasa el tiempo, y la sigo considerando como una de mis obras más sublime…

Luego de la difícil situación acontecida con el intento de asesinato por parte de la joven con doble personalidad que casi le arrebató la vida con una cuerda de piano, James Mason se encontraba en su oficina una vez más sin mucho que hacer. Había ordenado sus papeles, revisado los expedientes pendientes, o que pudiesen tener algún interés, pero todo parecía estar bien una vez mas en Silent Plain.

No acontecía nada fuera de lo normal, que no fuesen uno que otro atraco por ahí, o asaltos menores… nada que la policía de la ciudad no pudiese manejar.

Pasaba así, otra aburrida y sin interés tarde, leyendo “ Cujo” de Stephen King, uno de sus autores favoritos, esperando con ansias que le llamasen para informarle sobre algún caso o algo que pudiese llamarle la atención y hacerle levantarse de su sillón, y salir a la caza de ello, pero nada, nada acontecía.

De pronto, sintió que algo en su cabeza le hacía perder la concentración en lo que leía en ese momento… una comezón (de esas que sólo vienen cuando tu pelo alcanza cierto nivel de largo) le hizo dar cuenta de que debía ir a alguna peluquería a sacarse algo de su pelo.

Como no tenía mucho efectivo, y difícilmente daban crédito en algún recinto de los alrededores, mucho menos le fiarían aunque fuese detective y muy popular en su ciudad, decidió recorrer por ahí para ver si encontraba alguna que le hiciese rebaja por un corte decente.

Caminando, caminando, en su paseo, se encontró con varias sorpresas por decirlo así: la calle no estaba muy poblada que digamos, mas bien parecía un pueblo fantasma, si no fuese por el viejo Scott que descansaba en el césped de una plaza cercana a una tienda de repuestos para autos, mientras veía pasar a James con sus ojos cansados por la edad que sólo un perro que ha tenido una vida como la que él ha pasado le deja. Al pasar James, éste le miró con su acostumbrada mirada triste, levantó una oreja, y siguió echado. James, en respuesta a su gesto posible de “buenas tardes” se acercó a él, le acarició su gran cabeza.

—Siempre atento, ¿no, Scott? —le dijo—. Buscó en su bolsillo, y le regaló un trozo de queque que había dejado para comer después. El perro lo recibió, meneando levemente la cola, de un lado para otro. Después de saludar al viejo perro, siguió su camino en busca de alguna peluquería. Corría una inusual brisa de otoño, que le hizo sentir una reacción escalofriante en la parte trasera de su cuello. Mirando hacia el sur, James pensó que debía apresurarse o sino, volvería a casa, a reconfortarse en su amplio y cómodo sofá, mientras leía su libro, en compañía de su chimenea, y un vaso de whiskey añejo. Como aún el frío no le vencía del todo, siguió caminando por el pueblo, hasta llegar al Puente Madison, el cual, luego de pensarlo un momento, decidió cruzar, con la esperanza de encontrar al otro lado, en el Viejo Silent Plain, algún lugar donde pudiesen atenderlo. Pasó así, por el abandonado control de puente, ya que hacia décadas, ningún barco cruzaba las aguas del lejano, y profundo río. Al llegar al otro lado, se fue dando cuenta que el ambiente cada vez mas se iba volviendo lúgubre y sombrío, demás estaba decir que el pueblo parecía más desierto y abandonado que Silent Plain. Así, llegó a una vieja estación de gasolina, en la cual, en una vieja silla de madera, reposaba un anciano, quien tenía sus ojos nublados por los años y sus cataratas… Se notaba que no podía ver casi nada.

—Buenas tardes —le dijo al anciano—. Éste a su vez, solo le dirigió la cara hacia el lugar donde se encontraba.
—¿Sabe donde puedo encontrar alguna peluquería en este pueblo? —le preguntó—.
—Señor, aléjese de este lugar… Es un pueblo maldito… —le dijo, haciendo un esfuerzo por articular cada frase—. Samael se acerca. Váyase, lo más pronto que pueda —prosiguió—.
Mason no quedo indiferente, y en temple de preocupación se acercó al viejo, y comenzó a interrogarle porqué decía esas cosas, a qué se refería con lo de que estaba maldito, si se encontraba bien de sus cabales, qué sucedía, pero el anciano solo atinó a decirle: “…En las noches… Criaturas horribles. Pueblo tétrico… …aullidos desgarradores… …niños sufriendo… …No…El…Hospital…Noo… …Samaeeel…” y al decir esto, el anciano dio un gran suspiro, y falleció aparentemente de un paro respiratorio. Iba empezando a caer, cuando Mason, en un acto reflejo, le sujetó antes de que se azotase contra el piso. Perplejo, lo observaba, pensando en la remota posibilidad de que quizás estuviese loco, o que lo que decía era parcialmente cierto. Lo llevó adentro de la estación, a la recepción, lo dejo en el piso, y con diarios y revistas, lo cubrió y salió del lugar, para buscar un teléfono, ya que su señal se había desaparecido, o alguna oficina de policía o registro civil para registrar el suceso. Sin embargo, no había nada que se pudiese parecer a ambos. Como ya atardecía, y se veía más oscuro que de costumbre, se cerró su abrigo, y comenzó su camino hacia el otro lado, a Silent Plain. Mientras caminaba, pensaba en las palabras del anciano: “Samael”, “niños sufriendo”, ”El Hospital”.

Decidió que entonces, a la mañana siguiente, volvería con alguna patrulla al viejo pueblo, a recoger el cadáver, y llevarlo a la morgue, para que le hiciesen una autopsia, y pudiesen averiguar la causa exacta  del deceso. Al llegar a su hogar, recordó que realmente había ido a hacer allá en el otro pueblo: tenía que ir a alguna barbería o peluquería, así que decidió que al día siguiente, al terminar de ver que había sucedido con el anciano, iría a recorrer en busca de algún sitio en el que pudiesen ayudarle. Entró en su cuarto, exhausto de la caminata, se dirigió al cuarto de baño, para prepararse a acostarse, tomó su cepillo, le puso su porción de pasta, cuando de pronto, una imagen fugaz, que duró un momento, que pareció eterno para James, se vio reflejada en el espejo. Era una versión retorcida y rara del cuarto de baño: estaba todo viejo, sucio, corroído por la humedad. Al terminar esa horrible imagen, James pensó: “Muchas cosas han pasado hoy, quizás estoy demasiado cansado mentalmente, iré a descansar inmediatamente… no mas Stephen King por esta noche”. Fue a su cuarto, se quitó los zapatos, y se tiró encima de la cama, cubriéndose con las frazadas, y el plumón, y en minutos, se quedó dormido.

Despertó entonces, abrió los ojos, restregándolos mientras se incorporaba, y se percató de que algo no andaba bien. Miró a su alrededor cuando su vista se aclaró del todo, para darse cuenta de que el lugar donde estaba, no era su habitación normal, sino, era como la imagen del baño que había visto en la noche anterior. Un olor suavemente nauseabundo a sangre y carne podrida, mezclados con matices de humedad, se percibía en el ambiente. La pieza, tenía las paredes rojas, rasgadas en algunas partes, con escritos ininteligibles en ellas, manchas de color verdoso o rojo, y la cama en la que estaba sentado Mason, era una especie de camilla, oxidada, pero aun robusta, lo suficiente para soportar su peso. Viendo esto, pensó: “¿Será esta una broma de mal gusto, o una pesadilla?” Buscando con la vista, se fijó que al costado, había una mesita de noche, tal cual un velador que él tenia en su pieza, en la cual estaba su brújula, su celular que estaba sin señal, su pistola, y algunas balas, que había adquirido hace algunos días atrás, en el almacén. Colgado, en una parte de la habitación, estaba su abrigo, el que cogió, junto con sus pertenencias, y decidió salir del lugar. Al llegar a lo que era el comedor, todo seguía similar, por lo que fue a ver la cocina, pero todo era un desastre: platos rotos, sucios, un refrigerador sin nada dentro y descompuesto, un lavaplatos, con agua oscura y de olor rancio, y una cocina asquerosa.

Al ver todo este espectáculo, decidió salir a la calle, para ver si encontraba alguien que pudiese decirle que había sucedido o donde estaba. Al llegar afuera, vio que también el entorno había cambiado: las calles, estaban solitarias y quebrajadas, los arboles, estaban secos y retorcidos, los autos estaban sin asientos, sin puertas, desvalijados, oxidados, arruinados, las casas que podía ver también se encontraban como viejas, arruinadas, y con las ventanas clavadas con tablas o rejas oxidadas… Era un paisaje desolador que ademas estaba cubierto por una ligera neblina, que lentamente se volvía mas y mas espesa…

Reflexionando por unos momentos, recordó el otro pueblo, al otro lado del puente Madison, con lo cual se acordó además, del suceso acaecido el día anterior: la muerte del anciano, en la gasolinera. Sacando fuerzas de flaqueza, salió de su casa y corrió en dirección al puente Madison para llegar al Viejo Silent Plain. Al llegar al puente, este no era de concreto, sino que estaba hecho de metal oxidado y corroído, que crujía a cada zancada que daba Mason. Al llegar al otro lado, se percató de que la niebla que cubría Silent Plain, se había transformado en una ligera y suave nieve plomiza, que caía en las calles del antiguo pueblo. Al llegar donde se encontraba presuntamente la estación de gasolina, o al menos lo que parecía ser, intentó entrar, pero la puerta estaba bloqueada. Sintió entonces, un grito ahogado, que fue seguido por una especie de llanto de infante. Al oír esto, intentó con todas sus fuerzas abrir la puerta, pero la cerradura no cedía… Desesperado, recorrió en los alrededores en busca de alguna herramienta que pudiese ayudarle a romper la puerta para entrar y ver que había sucedido. Al dar la vuelta, en un costado, se encontró con un garaje a medio cerrar que solía ser un taller de automóviles, sin iluminación. Pensando en la posibilidad de que allí iba a encontrar algo, se metió dentro y encendió su encendedor. Buscando en la penumbra, encontró toda clase de llaves para arreglar autos, ya fuesen francesas, inglesas, gatas, y entre esos, un combo, el cual cogió y salió en rumbo a la puerta de la recepción de la gasolinera. Tomó el combo con ambas manos, y con toda la fuerza que sus brazos pudieron darle, le propinó un gran golpe, el cual hizo un gran agujero, lo suficientemente grande para meter algún brazo y tratar de abrir por dentro la puerta. Cuando pudo entrar, sacó su pistola, una “Beretta” y se acercó lentamente, para buscar algo que pudiese explicarle lo que había escuchado hace un momento atrás. Buscó en la recepción, que ligeramente había variado respecto a lo que era ser antes, en busca del cadáver del viejo, pero no estaba en ningún lado. Pensando en que había sido su imaginación lo del grito, se disponía a salir, cuando en una de las puertas del interior del recinto, se escuchó un ruido, un golpe seco y fuerte. Volteó para mirar hacia la dirección de la puerta, y esta, se movía, como si alguien intentase salir. Con su pistola en mano, se acercó a la puerta, lentamente, pensando que podría haber alguien allí que necesitaba ayuda. Al estar a cierta distancia, ésta se abrió de improviso, pero dentro, no había nadie. Gracias a esto, Mason se cayó al suelo, y aterrizó en su trasero, sorprendido de lo ocurrido, y algo adolorido. Se incorporó y se sacudió el polvo, recogió su pistola en el momento justo en que veía que un ser, de apariencia decrépita, similar al anciano, se acercaba hacia él, con los ojos desorbitados, pedazos de piel y carne faltantes y colgando, de su boca brotaba una especie de flema verdosa y rojiza de aspecto asqueroso, y se acercaba de forma hostil y extraña. Asustado, James le gritó: “ Quédese ahí, no avance un paso mas, o me veré forzado a disparar” pero el que podía ser el anciano, o lo que quedaba de él, no se inmutaba. Al ver que no se detenía ni inmutaba ante lo que le había dicho, Mason apuntó a las piernas y disparó. Una ligera convulsión, pero ningún signo de dolor parecía mostrar el ser, lo que obligó a James a seguir disparando, sin lograr mayor éxito en su objetivo. El viejo cada vez se acercaba mas y más, y extendía sus brazos, al punto de alcanzarle, lo que presionó aun más a Mason, para que se atreviese a apuntarle en su cabeza, y jalar del gatillo. Al darle en la cabeza, el ser se paró, comenzó a convulsionarse, y cayó al piso, tambaleándose, y temblando, cada vez más despacio. Cuando terminó de moverse, James se acercó para examinarlo. “Que fue eso?” “ Que sucede acá?” “Dónde estoy?” Se preguntaba, pero nada le podía indicar la respuesta a eso ahora. Al ver el cadáver, le revisó las manos, los brazos, detrás de la nuca, en busca de algo raro, pero nada, así que decidió sacarle la ropa que llevaba en el torso para revisarlo. Al descubrir su pecho, no encontró nada inusual, pero al darle la vuelta y ver su espalda, en esta estaba marcada un extraño símbolo que en toda su vida nunca había visto: era una especie de círculo, el cual llevaba dentro algo similar a un ojo y marcas extrañas también. Al ver esto, Mason sintió un fuerte dolor punzante en su cabeza, mientras oía una especie de sirena distante y retumbante, que le hacía caer en un profundo estado de inconsciencia.

Al despertar, se encontraba en su cama, en su habitación real, como si nada hubiese sucedido, pero algo había cambiado. Su revolver, tenía 4 balas menos de las que recordaba haber cargado hace días anteriores, y el número de veces que le había disparado al viejo, habían sido 4 veces…

(Parte 2)

Revisó la caja de municiones que tenía guardada, en busca de aquellas cuatro balas perdidas, pero estaba a tope de llena. Los 15 cartuchos estaban allí, sin dejar cabida para otro más. Extrañado, se levantó, cogió sus ropas, su abrigo, y partió a Old Silent Plain a revisar el cadáver, para confirmar sus dudas, que le inundaban la mente en ese momento. Al momento de poner un pie afuera de su residencia, notó que había algo diferente en el ambiente: se notaba desagradable, incómodo, solitario, lo que hizo más dificultosa la caminata hacia el otro lado del puente para Mason. Una vez llegó allí, se sintió un poco mejor, pero la inquietud por saber el destino del viejo, no desaparecía de sus pensamientos, así que dejando la molesta comezón capilar en segundo plano, se dirigió a la gasolinera, que estaba a pasos ante él.

Entró al lugar, pistola en mano, en busca del sitio en que había posado el cadáver del viejo, pero al llegar a éste, se encontró solo con hojas viejas de diarios y revistas, las mismas que había utilizado para cubrir el cuerpo sin vida del anciano, el día anterior. Se incorporó, y se dispuso a buscar la puerta de la cual había salido el ser que había intentado atacarle hace algunos momentos en el “otro lado”. Al llegar a ésta, escuchó un golpe que provenía al otro lado, seguido de un violento movimiento como si alguien o algo intentase salir de allí, lo cual lo hizo ponerse en alerta, y apuntar a lo que fuese que hubiese allí detrás… Al acercarse para intentar abrirla, ésta de forma violenta se abrió y dejó caer el cuerpo inerte del anciano, el cual se dio un fuerte azote en el cráneo, lo que le produjo una fractura de proporciones importantes, pero no sangró, “Quizás debido a que la sangre estaba coagulada” pensó James. Debido a la posición en que cayó, su rostro quedó mirando hacia arriba, dejando ver que en la frente, estaba otra vez esa extraña marca, realizada con quemaduras. James nuevamente empezó a sentir esa extraña sirena, y ese retumbante dolor de cabeza, que lo hizo caer inconsciente. Al despertar se encontraba en la Gasolinera, pero de una realidad “alternativa”. Miró su reloj, el cual indicaba que eran las diez de la mañana, pero afuera el ambiente se veía como si fuesen las diez de la noche, ya que estaba oscuro, sombrío, y extraño.

Salió algo tambaleante del lugar, debido a que sentía que la cabeza le daba vueltas un poco aún, producto del dolor de cabeza que lo había atacado hace momentos atrás. Casi se resbaló en una poza de algo que parecía ser sangre, que yacía a la salida de una casa de perro, en la cual se podía distinguir algunas letras: “S OT “. ¿Scott? pensó, recordando al viejo perro de Silent Plain, que pasaba descansando. “…Quizás todos tenemos un alterego o un gemelo distorsionado en este lugar…”. Examinó con su linterna de bolsillo el interior de la casucha de perro, para encontrarse con la asquerosa e ingrata sorpresa que dentro estaba salpicada de sangre y trozos de vísceras, como si se hubiese llevado a cargo alguna clase de sacrificio ceremoniero, de algún animal en sí. Apagó su linterna y siguió recorriendo las calles, buscando respuestas o algo o alguien con vida, que pudiese darle alguna explicación a todo esto. No podía sacar alguna hipótesis de lo que pasaba, lo cual lo tenía sumiso en sus ideas, mientras caminaba sin rumbo por Old Silent Plain, hasta que terminó en frente de un gran portal de vidrio y metal, en el cual se podían distinguir las siguientes palabras, escritas con letras rojas: Hospital Sanatorial Silent Plain.

Recordando las palabras del anciano antes de fallecer (El Hospital…Niños Sufriendo…) un escalofrío recorrió su cuerpo. Pero ya había llegado demasiado lejos, y no quería a dar paso atrás, por ende, entró al hospital, en el cual había un gran hall, viejo, y maloliente, que hacía las de sala de espera para los visitantes. En la pared, se veía enmarcado un diploma, tapado por el polvo, en algunas partes, en él se podían leer algunas palabras: Otorgamos… a la Señorita Fernanda Cybill… Directora de la planta baja, para el tratamiento de Casos especiales… Se le otorga… certificado… cumplir y desempeñar funciones… Universidad Estatal de Silent Plain, Junio del 2000.

Mientras avanzaba por el recinto, comenzó a llegarle a sus narices, un fuerte olor a grasa quemada, que provenía de uno de los pasillos que desembocaban en el hall. Siguiendo la ruta que su nariz le indicaba, se internó en una de las puertas que había allí. Al abrirla, se encontró con una gran escalera que daba paso a otra puerta, que al parecer servía para llegar a otro nivel más abajo. Bajó escalón a escalón, hasta llegar a otra puerta, de la cual un insecto de proporciones mas grandes de lo normal, salió en dirección a su pecho, lo que hizo reaccionar por reflejo casi al instante a Mason,  quien alejó de un manotazo a la extraña criatura, que cayó al suelo, de espaldas, dándole la oportunidad a él de aplastarla, lo que dejó un charco de líquido verde y pegajoso bajo su zapato.

Entró en el cuarto de donde había salido el insecto, y encendió su linterna… En el había un gran generador, que aún parecía funcionar, así que lo examinó por todas partes, hasta dar con el botón de encendido, lo cual, produjo un gran ruido, que lentamente lo empezó a marear, hasta hacerle caer inconsciente al piso.

Al despertar, estaba en una camilla, y una mano suave, le acariciaba la frente.

(Parte 3)

—¿D… Donde estoy?… ¿Qui-quién es Ud.? —pregunto aún afectado—.
—Yo, soy la enfermera de este lugar… Soy la Doctora… —no alcanzó a terminar de decirlo, cuando James le interrumpió—
—Fernanda Cybill, ¿cierto?
—Sí, ¿cómo supo de mí? —le preguntó—.
—Vi el diploma que estaba en el hall. Supuse que era Ud., fue una corazonada. Aun así, explíqueme, ¿que sucede con todo este lugar…? ¿Por qué esta así, todo viejo, arruinado, deshabitado, extraño? —mientras se rascaba el cráneo, y miraba a su alrededor—.
—No sabría asegurarlo, pero desde que empezó a suceder todo esto, tal parece que la gente se ha desvanecido. Ya nadie viene al hospital, parece un pueblo fantasma, pero como aun le guardo el cariño de los maravillosos días que pasé aquí atendiendo a mis pacientes, no me he ido, y he estado esperando todo este tiempo para que llegase alguien como Ud., que demostrase que aún hay vida en este lugar. Me alegro de que lo encontrase, ya que hacía tiempo que no…
—¿A qué se refiere exactamente cuando dice “empezó a suceder todo esto”, Cybill? —nuevamente le interrumpió—. ¿Nunca ha logrado descubrir qué pudo causar todas estas circunstancias?
—Es que no sabría explicarle con certeza, ni darle una respuesta definitiva o exacta, señor. Sólo sé que todo fue dándose de manera paulatina. Poco a poco, la gente comenzó a cambiar, se volvió extraña, ya casi nadie salía afuera, todos se encerraban en sus casas, y después dejaron de venir. Yo, con los suministros que quedaron en el hospital, me he mantenido aquí, esperando que volviese alguna persona, ya que afuera, el ambiente se tornó desagradable, extraño. Además que como ya le dije. no quise dejar este sitio… —le dijo con una voz en tono melancólico y triste—. A todo esto, no le conozco, ¿Ud. es…? —le preguntó a Mason, mientras se restregaba los ojos, como si alguna basurilla hubiese entrado en ellos—.
—Yo… oh, perdóneme, con el incidente, dejé de lado la cortesía. Soy James Neo Mason, detective de Silent Plain.
Al escuchar ese nombre, un brillo se manifestó en los ojos de Fernanda.
—Oh, he escuchado de Ud., una vez, una paciente que vino acá, que sufría de doble personalidad, me relató algo sobre un detective…
—Oh, sí, el caso aquél… casi perdí la vida gracias a ella. Por poco y me mata.
—¿Se siente mejor? —le preguntó, mirándolo sólo como un especialista suele hacerlo—.
—Si, mucho mejor, disculpe las molestias. Quizás estaba ocupada, y yo le interrumpí al encender el generador. Lo siento.
—No se preocupe. Hace días que no lo había prendido, ya que últimamente no he hecho mas que comer y dormir, además de esperar a que llegase alguien más. Estoy “atada” a este lugar. Quizás no me comprenda ahora, pero ya se dará cuenta —le dijo Cybill, tomando nuevamente ese tono triste y melancólico—
—Bueno, yo estaba a punto de investigar este lugar, ya que un anciano que murió hace poco, me dijo cosas acerca de este recinto, que quise investigar. ¿Sabe algo de niños que estén por allí, sufriendo, o de algo que este yendo fuera de lo normal en este hospital?
—No, nada —le respondió en un tono nervioso y a la vez de asombro—. Si gusta, vaya y véalo por Ud. mismo, aquí no ocurre nada desde hace bastante tiempo ya, desde que comenzó a ocurrir todo lo acaecido…
—¿Me acompañaría, Doctora?
—Si pudiese, con gusto iría, pero no, me quedaré aquí —le contesto—. Retrocedió algunos pasos de él, y lo miró un momento, luego se alejó de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. James se incorporó inmediatamente y fue tras ella, pero al abrir la puerta y mirar por ambos lados, no la divisó por ninguna parte. Era como si se hubiese desvanecido en el aire. ”Extraño, pero bueno, ya la encontraré… mas adelante… quizás…” pensó. Al salir al pasillo y caminar un trecho corto de éste, divisó algunas camillas viejas que estaban agolpadas en un final del corredor. Además de eso, habían puertas que poseían símbolos extraños. Ciertas puertas no se podían abrir, ya que no poseían pomo o cerradura para abrirlas. Eran puertas que estaban allí, pero eran imposibles de abrir. Entró a una en la cual, además de poseer una camilla, yacía en un costado de ésta una mesita, en la cual se encontraba un pequeño libro de notas. Lo tomó y abrió para echarle una ojeada, se encontró con la grata sorpresa que en la primera plana decía “Diario de la Dra. Fernanda Cybill”, Julio del 2000. Lo abrió, pensando que allí tal vez, encontraría alguna pista o indicio sobre cómo eran las cosas en ese tiempo, pero al avanzar página por página, buscando algo de interés, notó que la letra se hacía más y más descuidada. Las hojas cada vez se encontraban más sucias, y en ciertos períodos de meses, faltaban hojas que por lo visto, habían sido arrancadas. Avanzó hasta el final, para leer en ellas, lo siguiente: “Últimos días… nada mejora… ya no hace efecto… necesito mas… pero… no hay… moriré… Niños… Niños… quien les cuidará. ya….acaba…sólo horas… efecto… solo… Cherry…” En este punto, el diario ya no continuaba, y manchas de sangre, marcadas con dedos, estaban plasmadas al final. Lo guardó en un bolsillo para leerlo más detenidamente y con calma, cuando llegase a su casa, y procedió a salir de la habitación. Guiándose a través de las señales que se podían ver pintadas en la pared, algo desgastadas ya, se dirigió hacia la salida. Al llegar a la puerta que daba al exterior, escuchó una voz detrás suyo:
—¿Ya se va? —dijo Fernanda—.
—Acompáñeme —le dijo—.
—No, no puedo salir…
Él se acercó, le tomó de una mano, abrió la puerta y salió del hospital. Al llegar afuera, miró hacia atrás, pero la mano y el resto del cuerpo de Cybill, ya no estaban. en cambio, sujetaba el diario de ella, y extrañamente, se encontraba parado en las afueras de Old Silent Plain, pero ya no tenía ese aspecto que recordaba haber visto al momento que llegó. Ahora todo al parecer, había vuelto a no cotidiano y usual.

“…¿Habrá sido algún tipo de ilusión? ¿Un sueño?…Quizás nunca mas la vuelva a ver…” Reflexionó, mientras miraba el diario, que yacía en sus manos. Lo guardó nuevamente en su chaqueta e intentó entrar al hospital, pero el portón de entrada estaba bloqueado, y no parecía ceder, por lo que Mason deambuló sin rumbo fijo por las calles de Old Silent Plain. Solitario en lo absoluto, ya que ni siquiera alguna ave u otro animal rompía la quietud del lugar. Se sentía algo intranquilo, lo cual era algo inusual en él, ya que al vivir solo, estaba acostumbrado a estar en ambientes solitarios, pero lo que había experimentado en aquél recinto, lo tenía algo perplejo e inquieto. Sumiso en sus ideas, no se percató del ruido que lograba escucharse a la distancia, que hacía la silueta que se acercaba cada vez más y más hacia él. En primera instancia, pensó que era una ilusión, una mala jugada de su mente tal vez, hasta que esa supuesta “fantasía de su mente” como pensaba él, se volvió realidad. Una luz se detuvo frente a su persona, y una fuerte bocina, le garantizó que no era un sueño como creía.
—Por poco y casi le atropello, discúlpeme —le dijo una voz de mujer, que provenía del interior del vehículo—.
—No, soy yo quien debe disculparse, señorita. Estaba caminando al medio de la calle, iba distraído y… bueno, soy James, James Neo Mason, detective, para servirle —le explicó, mostrándole su placa de identificación—.  ¿Ud. vive por aquí? —le preguntó, mientras trataba de ver su rostro a través del parabrisas—.
—No, yo vine a ver a mi abuelo, hacía años que no visitaba el pueblo. Soy Alexa, Alexa Redfield —se bajó del auto—. Un placer, señor Mason —le dijo extendiéndole la mano en un gesto de saludo—.
—Para mí también es un placer, señorita.
—Vaya, han cambiado radicalmente las cosas, a como según recuerdo solían estar antes, en Old Silent Plain. Solía ser un pueblo anticuado, pero al menos la presencia de vida se notaba en él —dijo, mientras miraba los alrededores—. O sea, nunca había visto el pueblo así, tan desolado, abandonado… —decía Alexa, mientras cerraba la puerta de su vehículo—.
—Tiene razón. Yo vivo al otro lado, atravesando el puente. Recuerdo que este pueblo solía ser mucho más activo pero de un tiempo a otro, la mayor parte de la gente gente se ha ido desplazando hacia el otro lado. Ud. dijo que venía en busca de su abuelo, ¿cierto?
—Sí, hace mucho que no sé nada de él. Casi nunca le podía venir a ver, ya que mi trabajo me exige mucho, además de mis estudios, que me consumían la mayor parte del tiempo, pero ya terminé. Aparte, mi abuela y yo solíamos discutir siempre por cualquier cosa, pero ahora que ella lo ha dejado, según una carta que me mandó, aproveché de venir a visitarle al pobre, quien siempre siempre me ha querido mucho. La ultima vez que le vi, se veía algo cansado, y raro. Me decía que oía y veía cosas raras. No sé, pero creo que la edad quizás le estaba afectando.
—¿Hace cuanto no lo visita a su abuelo?
—Mmmm… hace poco mas de dos años que no he sabido nada de él. Bueno, iré a verle, hasta pronto —le dijo mientras abordaba el vehículo—. James la tomó de una mano para detenerle, y le dijo: —Antes de que se vaya, dígame algo: ¿Su abuelo no vivía cerca tal vez de alguna estación gasolinera de este pueblo?
Alexa le miró un momento, y le respondió: —Sí, vive en la única que hay acá en Old Silent Plain, ¿por qué? ¿Acaso hizo algo malo? ¿Pasó algo?
James reflexionó para sí que no era el momento adecuado aún para contarle lo que había pasado con aquel anciano, además como iba a explicarle la desaparición del cuerpo, y lo de la existencia del presunto “otro pueblo alterno”, si ni siquiera él tenía una explicación lógica de todo lo que había sucedido, así que se limitó a decirle:
—Más tarde le explicaré eso, señorita Alexa. Ahora, si puede orientarme, ya que conoce el pueblo mejor que yo, ¿sabe de algún lugar en el cual pueda cortarme el cabello? Verá, necesito con urgencia de alguna buena peluquera…
—¡Oh sí, claro, la señora Guillespie! Ella es una gran amiga de mi abuelo, y seguro podrá ayudarle. Súbase, no queda lejos de aquí —le respondió—. James abordó el auto, junto a ella, y se alejaron del lugar.

—Así que Ud. es detective. ¿Privado? ¿Qué hace por estos lugares?
—Yo, bueno, estaba en busca de alguna peluquería que fuese de confianza. ¿Ha oído hablar de algún pueblo, idéntico a este, pero con mas deterioro, más bizarro, o extraño, distorsionado?
—La verdad, nunca he visto nada así, personalmente. Aparte de lo que mi abuelo me decía, que según él oía llantos a la lejanía de niños, y veía cosas extrañas, mas allá de eso, nunca escuché rumores al respecto. En todo caso siempre pensé que lo que él veía o escuchaba eran alucinaciones, como le dije, por su edad, 87 años, cualquier cosa es posible. ¿Siempre le gusta hacer preguntas extrañas a Ud. Mason? —sonrió levemente—.
—Solamente cuando dudas inusuales recorren mi cabeza. No me gusta quedarme sin respuestas a lo que veo o experimento a veces, o descubro —le comentó—. James trataba de evitar en lo posible decirle lo del anciano, ya que si él solamente había visto todo, quizás podría tratarse de alguna especie de pesadilla, o de alguna alucinación causada por stress o algo que pudiese haber ingerido o respirado sin darse cuenta, así que no quería precipitarse dándole tan terrible noticia, todavía. Consideró dejar la línea de preguntas raras, e intentando parecer algo más sociable, cambió radicalmente de tema
—¿Qué tal su vida? ¿Trabajo?
—Uff… Agotador.
—¿En qué ejerce funciones, Sra. O Srta. Alexa?
—Señorita. Soy Consejera matrimonial. Me gusta ayudar a la gente, oír sus problemas, darles soluciones, alternativas…
—Ya veo… pero, dígame: ¿Cómo una dama así como Ud., aún es soltera?
—Aún no he hallado alguien que me sepa comprender y valorar y aceptar internamente…
—Ya veo. La mayoría de los hombres son superficiales, aunque suene ilógico de mi parte el decirlo. No saben apreciar los delicados sentimientos de Uds. las mujeres, lo cual es una verdadera lástima. Oh, discúlpeme, reflexionaba en voz alta —dijo Mason, algo abochornado—.
—Jejeje, Aun así, Ud. tiene toda la razón, señor James. Le felicito por pensar de esa manera. Pocos hay como Ud. ¿Es casado?
—No. vivo solo, y debido a los riesgos que corro en mi profesión, prefiero no involucrarme sentimentalmente con otras personas, para no dejarles abandonadas en este mundo, si llegase a pasarme algo, algún día.
—Que triste, pero a la vez cierto —le comentó Alexa—.
Detuvo el auto, y mirándole a los ojos, Alexa le dijo: Llegamos. La señora Guillespie debe estar adentro. Ha sido un verdadero placer conocerle, y espero verlo pronto, señor Mason.
—Así será, señorita Redfield, así será. Cuídese.
Cerró la puerta del auto, y procedió a caminar en dirección a lo que parecía ser la casa o salón de belleza de la señora Guillespie.

Una campanilla anunció su entrada al lugar. Era un salón de aspecto sencillo y modesto, bien cuidado, ordenado, pese a la ausencia de publico del lugar.
—Hola… ¿Señora Guillespie? —Dijo Mason—.
—Voy enseguida, señor Mason —le contestó una voz de edad.
—…Pero, ¿cómo supo que era yo? ¿Tan famoso seré que acaso me reconocen en cualquier parte? O bien, Alexa le avisó que yo vendría —pensó—. Pero ¿en qué momento…?
—Ni una ni otra cosa, señor Mason… —le volvió a contestar la voz que provenía de una silueta de mediana estatura que avanzaba lentamente por un pasillo, que se hacía cada vez mas claro, a medida que se acercaba la anciana, con una lámpara de mano—. Traía un delantal, en el cual tenía tijeras, navajas, cremas, y todo lo demás que una persona que trabajase en el rubro, pudiese necesitar para hacer su trabajo.
—¿Viene a cortarse su cabello, debido a las molestias que le está causando, cierto?
—Si, pero antes, explíqueme cómo supo que era yo el que estaba aquí en la peluquería. ¿Acaso Alexa le avisó llamándole que vendría yo a visitarle?
—Nada de eso. Lo supe a través de la Giromancia. Todo lo que sé hasta ahora, lo averigüé gracias a eso. Siéntese en cualquier silla, y déjeme ponerle un cobertor para evitar que los pelos se caigan dentro de su ropa —le decía mientras preparaba sus utensilios, y los dejaba encima de un pequeño velador transportable—.
—¿Qué estilo le gustaría? —le decía mientras le mostraba un catálogo de cortes—. ¿Tijera… maquina, tal vez…?
—Tijera y navaja solamente, por favor. No tolero las máquinas eléctricas, porque me producen un cosquilleo bastante desagradable.
—Comprendo, no se preocupe. Relájese y no se mueva mientras me encargo de su cabellera —le dijo Gillespie mientras procedía a efectuar su labor acorde a lo pedido por James—. Una vez que terminó de hacerle el corte, dejó sus tijeras y navaja sobre la mesa, y empezó a pasar un peine sobre los cabellos de Mason.
—Por cortesía de la casa, le daré por esta vez, un lavado de cabello gratuito también, señor Mason. Acompáñeme por favor al lavadero —lo tomó de una mano—. Siguiéndole como encantado por alguna clase de hechizo o hipnosis, sin preguntar ni decir palabra alguna, ambos se dirigieron hacia una esquina del lugar. Lo sentó en una silla, le tiró su cabeza hacia atrás, y echó a correr entre sus cabellos recién cortados, un chorro de agua fresca y tibia, la cual fue secundada momentos después, de un relajador y exquisito masaje capilar, por parte de la señora Guillespie. Todo esto lo hizo caer en un profundo sueño, a los pocos minutos después. Al despertar, se encontraba recostado en un sillón viejo, en la realidad alterna. Se percató de este detalle casi inmediatamente, ya que los espejos que yacían en el lugar  estaban viejos, opacos, quebrados inclusive algunos. No era el salón al cual había ingresado. Luego de incorporarse, miró el lavadero. En él había un poco de agua de aspecto verdosa, y gusanos de mosca flotaban en ella. Luego de ver esa asquerosa imagen, fue a buscar dentro del salón a la anciana, para saber si estaba por allí, o si algo le había sucedido. Recorrió todas las habitaciones, el baño, pero nada. Al final de un pasillo, se erigía una puerta, de aspecto inusual y extraño, así que fue hasta ella y la abrió. Dentro del lugar, había un altar en el cual, colgaba un cuadro oscuro, de un ser alado con aspecto imponente y poderoso, y bajo él, una multitud le adoraba. A su lado, se veía la silueta de una niña pequeña, de no más allá de unos 9 años, que lo tomaba de un brazo, y con el otro apuntaba hacia algún sitio que se hallaba a su derecha… El título decía “Samael y Cherry”. James oyó un rugido a lo lejos, como el de alguna clase de bestia, luego de eso, un lamento que terminó en un grito, muy similar en tono a la voz de Fernanda. Al oír esto, James salió de la peluquería, en dirección al hospital, ya que recordaba la mayor parte del camino que había recorrido en auto con Alexa, para llegar allí, no quedaba lejos. Al llegar al hospital y abrir las puertas, éstas cedieron inmediatamente, a diferencia de la vez anterior. Entró y se fijó que en el piso, un rastro de sangre, tomaba un rumbo en particular. Lo siguió, y terminaba en un ascensor. Al abordarlo, el numero del piso 4 estaba manchado con sangre. Procedió a presionar el botón, lo que hizo que el ascensor comenzase a chirriar, dando unos espantosos sonidos de fierro viejo, y comenzase a elevarse. Al llegar al piso 4° y abrirse las puertas de éste, se encontró en la azotea del hospital. A la distancia, una silueta de humano se movía. Sacó su linterna e iluminó la cara, y vio que era la doctora Fernanda, quien tenía los ojos tristes, derramando lágrimas, y venía caminando en dirección hacia él. Su delantal estaba manchado de sangre y otras cosas…
—Doctora… ¿Qué le sucedió? ¿Qué ha pasado con Ud.? Dígame, por favor
—James, supongo que ya has descubierto todo, ¿cierto?
—¿Descubrir que? … No comprendo…
—James… Yo… ya… fallecí, hace mucho tiempo atrás. Permanezco atada a este hospital, estoy condenada a vivir aquí por siempre. Pero llegaste tú… y yo… —se acercó a abrazarle, llorando desesperadamente—. James estaba estupefacto. Por largo tiempo, estuvo junto a él, abrazándolo. Luego, se separó unos centímetros, lo miró directo a los ojos.
—James, yo… yo… —calló, y no pudo seguir hablando—. De su frente, narices, ojos, oídos, comenzó a brotarle sangre. Ella se tocaba el rostro, se tapaba desesperada las narices, como intentando detener la hemorragia, miraba sus manos ensangrentadas…
—¡No, no puede ser! ¿Por qué? —decía sollozando— Oh… James… yo te…  —sus ojos se volvieron rojos como el carmesí, con la sangre que los inundaba, y cayó al piso. James corrió a ayudarle, pero al parecer, ya era demasiado tarde. Trató de levantarla del piso, pero lentamente, su cuerpo comenzó a desvanecerse entre sus brazos. Mason, al ver esto, le abrazó fuertemente, y lloró, lloró desconsoladamente, mientras a la lejanía, se oía una sirena.

(Final Alternativo)

Al pasar por ese breve momento de desgracia con la joven doctora, Mason comenzó a gritar, ferozmente, como loco, al vacío de aquella azotea, maldiciendo a aquel que se reía a la distancia, al parecer, de lo sucedido. Un pinchazo que sintió en la parte trasera de su nuca, le distrajo de su objetivo, haciéndole caer inconciente sin alcanzar a ver la silueta que estaba tras de él.

Al recobrar su conciencia, estaba tendido en una camilla, atado con correas y amordazado, en una sala blanca, iluminada por tubos fluorescentes y grandes espejos que se ubicaban en dos costados de la sala.

De una puerta, entró Fernanda, vestida de un delantal blanco, sujetando un libro de anotaciones en el cual estaba apuntando algunas cosas, mientras miraba con atención los gestos que James le hacía desde la cama, para que lo soltasen.

“Vaya…Un poco mas y casi lo logramos” dijo un hombre vestido con un tuxedo negro, mientras observaba a James, y sonreía para sí

“Si, pero el objetivo era que se traumase, no que se volviese loco esquizofrénico, que estuviese a punto de cometer suicidio!!” dijo Fernanda, en un tono Histérico. ” Los sacrificios se hacen, señorita, cueste lo que cueste, además, ya no necesitamos a este hombre…Conseguimos lo que queríamos, así que podemos quedarnos tranquilos…”

“…Querido y estimado James… ¿Quieres saber a que me refiero, cierto?” le decía el hombre, mientras le posaba su mano sobre la frente. Un hilillo de saliva caía por un costado de la mejilla de Mason, quien movía su cabeza en modo afirmativo. “Muy bien, te lo explicaré, aunque creo que por ahora y por el resto de tu vida, no te servirá de nada…”

Tu, James Neo Mason, debido a todos los percances que nos has dado a nuestra organización, hemos decidido hacerte pasar por una especie de experimento, para “vengarnos” de todo lo que has hecho “indirectamente” en nuestra contra. Ya sea, lo del Reloj, ese era nuestro mayor proyecto hasta ahora, lo de nuestra Paciente con doble personalidad, que se había fugado de nuestros laboratorios, y por culpa tuya, casi quedamos al descubierto…Ahhh James, te metiste en donde no debías…Sinceramente, eras un muy buen detective, lo reconozco, pero si te seguía dejando hacer y deshacer, habrías dado con nosotros, y hubieses terminado lo que con el esfuerzo de toda una vida, he logrado…

¿Que hicimos contigo?…¿Recuerdas, cuando estabas en tu oficina, leyendo Cujo? en ese minuto, te lanzamos una especie de dardo, de tamaño casi imperceptible a la vista normal, a tu nuca. El dardo, contenía una nueva droga que hemos estado experimentando este último tiempo, la cual hace que en un principio, te produzca una comezón en tu cabeza, que luego derivará en una “Ilusión” que parecerá practicamente como la realidad misma, pero con leves diferencias…

Con esto, como te darás cuenta mi querido James, te pusimos bajo nuestro propio control, a nuestra merced, y te pudimos traer acá, a nuestras Instalaciones, para torturarte, con una visión de las cosas de forma mas “Horripilante”…

¿Porque lo hicimos? para llevarte al borde del colapso, además de averiguar los resultados de nuestra droga…los cuales nos sorprendieron a nosotros mismos inclusive…

Aun así, tuviste momentos para “salvarte”, no es así, ¿Señorita Fernanda?, o debería decir, Alexa Cybill?

El Hombre la miró un momento, luego sacó una especie de pistola de su chaqueta, y la apuntó hacia la cabeza de Alexa. “Tu eras la espía, la que se infiltró con nosotros, para arruinar nuestro experimento…¿Con que “James, supongo que ya has descubierto todo, ¿cierto?” “¿Descubrir que? … No comprendo…” “James… Yo… ya… Fallecí, permanezco atada a este hospital, condenada a vivir para siempre aquí… Pero llegaste tú… y… yo…” Jajajajaja, patético!!…Aún así, nada conseguiste al intentar jugar dos roles dentro de la “Ilusión de James”…

“Por tu estupidez, te tocará sufrir el mismo destino que James…” le dijo, disparando la pistola.

Alexa, cayó por un momento al suelo, retorciéndose, y sujetando su cabeza, para terminar reincorporándose, en el Hospital de Silent Plain. Pero esta vez, no se encontraba James por ningún lado, y lo peor, la figura de Samael, se encontraba en frente de ella, riendo de forma violenta y malévola…, Se acercó a ella, la tomó de la mano, y juntos, comenzaron a arder, entre las llamas, que en ese momento se encendían, mientras una multitud de personas, lo adoraban…a Él, y a Cherry…

(FINAL ALTERNATIVO 2)

Pasaron varios minutos antes que James decidiese reincorporarse y salir del lugar. Estaba profundamente afectado por la “despedida” de Fernanda, que mientras bajaba los pisos en el ascensor, en un momento en que éste se detuvo, entre los pisos 1 y B (subterráneo) James, tomó su pistola y la apuntó en dirección a su cráneo. Puso el dedo en el gatillo, y se disponía a apretarlo…sentía que no valía la pena seguir con vida, luego de ver lo que había sucedido con Fernanda, cuando de pronto, el ascensor volvió a su normal funcionamiento, de forma abrupta, haciéndole caer al suelo, dejándole inconciente, por un golpe en la nuca

Un chorro de agua le despertó, proporcionado por Alexa, quién a su vez, lo remecía para ver si estaba muerto o solamente desmayado. “James, James, despierta, James!!” le decía mientras le golpeaba en la cara con la palma de sus manos. “¿Fernanda?…” preguntó en un tono somnoliento mientras intentaba recobrar la conciencia del todo…”No, Alexa…James, que bueno…pensé que estabas muerto…me asusté y por eso, yo…” Le decía en un tono quebradizo y frágil, como a punto de llorar. “Alexa, me has salvado, de no ser por tí de seguro, yo habría cometido una estupidez…perdóname…” ella extrañada, le miró y le dijo: “Pero James, ¿a que te refieres? ¿Qué sucedió?” “Luego más tarde te contaré…Por ahora, concentrémonos en salir de todo esto…”

Se levantó del suelo, con la ayuda de Alexa, y se disponía a subir el elevador junto a ella, pero al momento de apretar el botón para llamar el servicio, la puerta se fundió y se volvió una sólida e impenetrable lámina de metal, el suelo se convirtió progresivamente en una gran reja de metal oxidado, las paredes se fueron derrumbando, quedando todo en una completa oscuridad. Alexa tomó a James de la mano, temiendo lo peor, y James, que no sabía que sucedía, buscaba dentro de su chaqueta, la linterna para ver alrededor lo que había sucedido.

Al encenderla, apuntó hacia el rostro de Alexa: “¿Porque ha sucedido esto, si lo único que hice, fué seguir mi corazón…”,estaba llorando, y miró alrededor para ver si encontraba algo, o alguna ruta para escapar de allí, junto a ella, pero nada…Así que haciéndose de valor, se dispuso a caminar con ella.

Al cabo de un rato de vagar entre la oscuridad y la penumbra del lugar, vieron a la distancia un punto brillante, que se acercaba mas y mas, a medida que avanzaban. Al llegar, contemplaron con horror que se trataba de una estaca de fierro oxidada en la cual estaba atada una pequeña niña y Fernanda, rodeadas por un círculo de espinas que salían del suelo. Debajo de ellas, comenzaba a prenderse una llama, que se acercaba lentamente hacia ellas, las cuales gritaban histéricamente, por el dolor que éstas le causaban a ambas al alcanzar sus pies. James y Alexa trataban de cualquier manera de llegar hacia ellas y liberarlas de semejante tortura, pero no era posible, a tal punto de que las llamas alcanzaron un nivel significativo, y ámbos, Alexa y James, tuvieron que alejarse de las víctimas, mientras las llamas consumían la carne de Cherry y Fernanda. “no, no puedo seguir con todo esto…no lo soporto…”dijo James, apuntando su pistola, ésta vez hacia Alexa. “Pero James, ¿que haces? No puedes rendirte…James, James!!…” Cayó al piso, aferrandose la herida que la bala había dejado en su pecho. Tosió, escupiendo sangre, y alcanzó a decir, antes de fallecer: “James, eres la única persona que he conocido en este mundo y he ama…cof, cof…te esperaré…en aquel lugar especial…arg…”

James, con la pistola aún entre sus manos, y balas en el cargador, miró la triste escena que llegaba a su fin, con los cuerpos incinerados de Fernanda y Cherry, atados a aquella estaca, el cadaver de Alexa tirado en el piso, y en un arranque de locura, rabia, desesperación y pena, disparó en todas direcciones, hasta quedar con una sola bala en el cargador. Al llegar a ésta, apuntó a su boca, y jaló el gatillo.

Todo se volvió oscuro y silencioso, luego de aquel sonido de trueno, provocado por la última bala de la pistola, la cual dejó un forado de 5 cms. en el cráneo de James. La linterna cayó al piso, rompiéndose el filamento de la ampolleta. La chaqueta de Mason se abrió, dejando a la vista el Diario de Cybill, el cual se desvaneció por el viento que lo sopló, mientras se volvía cenizas, y se esparcía entre los agujeros del suelo oxidado.

Nuevamente, abrió los ojos.

Se encontraba en un bosque, recostado en un lecho de hojas secas, y rodeado de troncos secos. “Al fin, despertaste, mi amor…” decía una voz familiar. “Ahora NADIE, nos podrá separar…”retumbaba en su cabeza.

“¿Pero, que pasó? ¿Porqué estoy aquí? Yo…Había muerto, ahora… ¿donde estoy?” preguntaba confundido. “Este, es nuestro “hogar” James” le decía Alexa, mientras se acercaba a él, con una pequeña niña en brazos. “Pero…¿que está sucediendo…yo, te había disparado a tí…¿no lo recuerdas?” “Está bien, James. Todo fué un mal sueño. Ahora ve adentro que la cena está lista”.

Alexa puso a la pequeña niña en el suelo, la cual fué corriendo hacia James, mientras gritaba “Papá, papá” y sonreía. “¿Cherry?” preguntó James, aún confuso y desconcertado. “Pero James, ¿como no recuerdas a nuestra pequeña hija?…La próxima vez, no comas tanto de ese fruto que encontraste la otra vez. Ese fruto de color negro y de tamaño pequeño…”

“¿Y Fernanda? ¿Y Guillespie?” le preguntó. “¿Fernanda? ¿Guillespie? ¿De quienes estas hablando, James?…Acaso, estas aún durmiendo??”

“…Creo que sí…pero, si seguir durmiendo, significa estar contigo…Prefiero seguir haciéndolo…”

(Final alternativo 3)

Quizas…este sea el final definitivo a tan larga secuela que he llevado adelante con mucho esfuerzo y dedicación, para cierto tipo de personas que me han inspirado para seguir adelante…Pero, nadie sabe, Así que este, nuevamente… NO ES EL FINAL TOTAL…

Bueno, comencemos:

Al oir la sirena, James, ya se imaginaba lo que significaría, pero esta vez, fué diferente… No sintió el dolor de cabeza, ni el zumbido que taladraba su cabeza…Sino, que de la puerta del ascensor, en contra de todo pronóstico u suposición, salía nada mas y nada menos que Alexa Redfield, la cual al ver a James parado en medio de la azotea, no lo pensó dos veces, y se dispuso a correr hacia él, con lágrimas en su ojos, y los brazos abiertos. “James, James…” gritaba, a medida que se acercaba hacia él. Se veía que había sufrido alguna clase de experiencia, probablemente traumática, ya que su ropa estaba sucia, e incluso rasgada en algunas partes, en las cuales se notaban signos de violencia. Al llegar a él, lo abrazó con toda la fuerza que sus brazos pudieron darle, lo miró a los ojos, descubriendo que James en ese momento también estaba llorando, y le dijo: “James, que bueno que estes a salvo…yo…mi abuelo…me atacó, y…cuando logré safarme de él…James, él estaba…parecía un loco…no era él…no lo sé, James, yo…fuí a la peluquería..pero la anciana me dijo que no estabas allí, me dijo que fuera al hospital, o te perdería…James…”. Él la sujetó con sus brazos, y le contó lo  que había sucedido con Fernanda…su desaparición, todo. Alexa, al escuchar todo esto, se puso la mano en la boca por un momento, y luego le dijo “James, pero la Doctora Fernanda…ella…era la tratante de mi abuelo hace algunos años, pero falleció antes de que yo me fuese del pueblo…es imposible, ella murió hace mas de tres años acá…

James, poniéndose ambas manos en su cabeza, le atinó a responderle: “Pero, no, no es posible…estoy loco, o he visto acaso un fantasma, pero ella parecía bastante real…o sea, no puedo creerlo…” mientras caía de rodillas al suelo. Alexa, lo tomo de un brazo, y le dijo: “James, tenemos que salir de aquí…si siguiésemos, seríamos víctimas de alguna clase de embrujo, o maldición, o lo que  sea que esté afectando a este pueblo”.

James, entonces, se reincorporó, y haciendo a un lado los pensamientos que abordaban su mente, la siguió, y ambos, juntos, bajaron el ascensor. Dentro de la cabina, mientras se acercaban al piso 1, se estremeció violentamente el ascensor, quedandose ambos al interior, sin luz y sin movimiento. James se aprontaba a sacar la linterna de su bolsillo, cuando Alexa, encendió un encendedor, e iluminó la estancia. Todo el interior del ascensor se había vuelto oxidado y viejo. La pintura se había descascarado, y la puerta, se había sellado, por lo tanto, era imposible tratar de salir separando las puertas. De una bocina que había para pedir auxilio, comenzó a escucharse algo así como una radio que no tenía sintonía, luego, una voz de hombre, de mediana edad, comenzaba a relatar lo siguiente, como si estuviese anunciando alguna especie de noticiero: “Buenas Noches, comenzamos una nueva edición de Silent News. Esta noche, úna pareja de jóvenes, de nombres James Neo Mason y Alexa Redfield Weels, fueron encontrados muertos, al interior de un ascensor, en el hospital de nuestra comunidad, Old Silent Plain. Los peritajes que se le realizaron a ambos, terminaron por concluir que la pareja, había fallecido a causa del pánico que sufrieron ambos al quedar encerrados al interior del ascensor, que hace días atrás, había estado presentando signos de mal funcionamiento, según lo confirmado por la directora del Hospital, la señorita Fernanda Cybil. La causa de la falla, se debería a una falta de mantenimiento, imposible de realizar por el momento, debido a la falta de fondos que ha afectado el presupuesto de la institución…” al llegar a esta parte, nuevamente la señal comenzaba a distorsionarse, y se apagaba lentamente… En este minuto, ambos comenzaron a experimentar un principio de asfixia, ya que se les estaba acabando el oxígeno que les quedaba en el interior del ascensor. Alexa fijó la mirada hacia arriba, en un intento desesperado por  buscar algo de aire, y descubrió que había una escotilla de emergencia por la cual podían intentar salir, así que le pidió a James que se pusiese de rodillas y le ayudase a alcanzar la manivela con la cual se podía abrir el escape de emergencia…

Una vez que ambos pudieron salir al exterior, subieron la escalera hasta llegar al piso mas próximo, el cual era el 2°. Abrieron la salida, para encontrarse con un largo corredor, en el cual habían muchas puertas, con símbolos extraños en ellas, además de camillas viejas y oxidadas, con bolsas de líquido que supuestamente era suero, pero tenían un color morado oscuro. Se dispusieron entonces a caminar e intentar salir hacia alguna escalera al primer piso, para alejarse del pueblo. Intentaron abrir todas las puertas que se cruzaban a su paso, pero al parecer estaban todas bloqueadas por algún tipo de fuerza invisible, que les impedía abrirlas. Al dar la vuelta al corredor, se encontraron con un gran portal, el cual tenía una lápida de piedra en un costado con la siguiente inscripción: “…SÓLO LOS HUMILDES DE CORAZÓN Y SINCEROS DE SENTIMIENTOS, PODRÁN ALCANZAR LA LIBERTAD ETERNA…LOS SACRIFICIOS DEBEN REALIZARSE…PARA QUIENES QUIERAN LIBRARSE DE LA FURIA DE SAMAEL…”

James, al abrir el gran portal, que se erigía ante ambos, fué absorbido por una intensa luz que cubrió todo su cuerpo, y lo dejó ciego por algunos instantes. Al abrir nuevamente sus ojos, se encontraba en aquel lugar especial, en el cual solía pasar sus tardes de tranquilidad cuando era joven, y recién se iniciaba en todo lo relacionado a su trabajo.

Era una playa, de arenas pardas y claras, con una extensa vista hacia el mar, que dejaba ver un infinito horizonte de bellas características al atardecer. A la distancia, se veía que una figura femenina se acercaba hacia él. Al llegar, vió con sorpresa que se trataba de Fernanda Cybil, vestida con su delantal blanco limpio, sus zapatos blancos, y su pelo bien peinado y tomado en una cola atrás. “Señorita Cybil!… pero Ud. acaso… no había desaparecido? yo…la ví…y Ud. se fué entre mis brazos…¿que hace Ud. aquí? ”

“James, no te preocupes por saber eso ahora. Lo único que importa es que tú estas aquí por algo, James. Y yo, debo ayudarte a que te des cuenta de cuál es tu objetivo en este lugar. James, recuerdas que en tus años de preparación, tu venías a relajarte, mirando el mar, ¿cierto?” James, en un gesto afirmativo, movió la cabeza. “Recuerdas, que aquellos días, eran tranquilos, y el mar te inspiraba a escribir tus narraciones…¿Recuerdas ese roquerío que está alla?” le dijo, apuntando hacia un famoso lugar usado por muchas personas que no eran correspondidas sentimentalmente. “Si, pero ¿como sabe Ud. todo esto, Fernanda?” le preguntó curioso e incrédulo. “Eso no importa ahora, James. Recuerdas que en ese lugar solía posarse una joven, solitariamente a contemplar el mar tambien?” le respondió. “Si, recuerdo que se veía triste todo el tiempo. Parecía lejana, y de cierta forma, me llamaba mucho la atención, como si quisiese consolarla, infinitamente, y vivir con ella eternamente…”, le dijo melancólico. “Ella, James, para que lo sepas, ella era Alexa, Alexa Redfield. Ella venía siempre a contemplar el mar, y a pensar, porque se había enamorado de tí, pero no sabía como acercarse a tu persona, ya que había perdido todas las esperanzas, cuando supo que tú, habías decidido convertirte en detective, y que por lo tanto, ibas a vivir solo el resto de tu vida, tal y como le contaste a tus compañeros de academia” … Al oirle decir esto, a James se el partió el corazón de haberlo descubierto, de pensar en todos los años, meses, semanas, días que habían transcurrido, sin haberlo sabido, sin siquiera, sospecharlo. Golpeó con su mano derecha la arena, en gesto de rabia e impotencia.

“James, no todo está perdido. Aún tienes una oportunidad para salvarte tú y a ella. Pero debes confiar en mí, y en lo que te voy a decir…” Él le respondió: “Estoy dispuesto a hacer cualquier sacrificio, con tal de pagar mi estupidez, que he llevado adelante junto a mi todos estos años, y poder salvarle a ella, de que no siga sufriendo” Ella le miró, con sus ojos tristes y pacíficos de siempre, y le dijo: “James, en ese caso, acompáñame”. Lo tomó de la mano, y juntos caminaron hacia el famoso lugar, por el cual solía tirarse la gente, para terminar su vida de sufrimientos. Al llegar al borde del acantilado, mientras soplaba una fuerte brisa marina, que mecía sus cabellos, ella le apretó la mano más fuerte, y le dijo: “James…Si quieres salvarte tú, y Alexa, deberás superar la prueba más dura, la cual es demostrar que estás dispuesto a cualquier cosa, con tal de hacerla a ella felíz. Confía en mí, o sino el tiempo se acabará, y sufrirás, tu y ella” El miró en dirección hacia el mar, y le preguntó: “¿Acaso quieres, que me arroje a las olas, quieres que me mate?” “Confía en mí, James. Esta es la mejor manera, de ayudarlos a ambos, a que puedan salvarse de las garras de Samael.

Lo soltó de la mano, y puso su mano suavemente en su hombro, y le dijo dulcemente: “Adiós, James. Espero, que tú y ella, sí puedan lograrlo”. Lo empujó, haciéndole caer por el gran acantilado. Mientras caía, James recordaba todos los momentos de su vida, los tristes, los alegres, las tardes que había pasado mirando a Alexa…todo. Al llegar casi al punto en que las olas bañan las rocas, nuevamente todo se volvió a iluminar, dejándole en una temporal ceguera, que le hizo caer en inconciencia. Al despertar, estaba frente al gran Portal, que había atravezado minutos antes. Alexa estaba recostada en el piso, apoyada en la pared, durmiendo. James la remeció, y le dió de suaves palmadas en la cara, para despertarle. Al recobrar su conciencia, le dijo: “James, ¿que ha pasado?, tu te fuiste, y cuando fuí detrás de tí, de pronto todo se volvió brillante, y no te encontré, y luego desperté, en una habitación, que estaba arruinada, que parecía vieja, las cortinas que tenía estaban rasgadas, y sucias, y a lo lejos, se veía el Lago Toluca, que estaba cubierto por una niebla, que dejaba apenas vislumbrar aquel viejo hotel en el cual solía hospedarse una tía…Y quise salir de ella, pero estaba bloqueada, no lo sé. Tenía miedo, James…”

“Alexa, no importa. lo que interesa ahora, es que por fin, ya tengo la solución para escapar de todo esto. Pero antes, debo confesarte algo y disculparme por ello” La tomó entre sus brazos, y la aferró fuertemente a su cuerpo, y le dijo “Alexa, tu solías pasar tus tardes mirando el mar, ¿recuerdas? en  aquel acantilado… tú… me mirabas, desde la lejanía… Hasta ahora, no sabía que eras tú, no sabía lo que sentía por tí en aquel entonces, era un joven despistado, que solamente pensaba en mí y mi futuro, y nunca en los demás… y es por eso, que ahora, debo pedirte, de corazón, que me perdones…por mi imbécil actitud y desición, que de seguro te ha costado a tí mucho sufrimiento… Perdóname Alexa. Perdóname, mi amor…”

Ella rodeó su cuerpo con su brazos también, y le dijo: “James, no sabes cuánto he esperado esa respuesta… esas palabras de tu boca… por años he sufrido, pensando en tí y lo que debes haber sentido al momento de tomar aquella desición. Pero, lo que importa ahora, es que estamos juntos, y que nada, nos va a separar, nada… James, yo… también te amo…”

Se miraron ambos a los ojos, y unieron sus labios en un gran beso, que duró mas allá de la eternidad. Se tomaron ambos de las manos, y cruzaron juntos el gran Portal que se erigía frente a ambos. Al cruzarlo, terminaron ambos en las afueras del hospital, en el lado normal de Silent Plain. Hacía un día nuboso, y una ligera ventisca, movía una veleta, de una casa cercana al gran edificio. El auto estaba allí a las afueras, estacionado, esperando. Alexa junto a James, se subió al vehículo, y se dispusieron a alejarse de la vieja ciudad abandonada. Al llegar al puente que unía a Old Silent Plain con una carretera que daba a otro condado, vieron que en el camino, había una especie de bolsa de cadáveres, que impedía el paso. Al ver esto, James se bajó del vehículo, para correrlo hacia un costado, y poder avanzar. Pero al mover la bolsa, ésta se abrió, y de ella, salieron unos brazos, que sujetaron fuertemente a James. Estaban quemados, y tenían vendajes viejos y ensangrentados. James, desesperado, trató de zafarse de ellos, pero era imposible. Cuando éstos lograron atraerlo del todo hacia el interior, la bolsa se cerró, y se desvaneció como cenizas, en el  aire…

Alexa, al ver esto, se bajó del auto, y se acercó al lugar, para ver bien que había sucedido. Una mancha negra quedaba como vestigio de que allí había estado posado aquel bulto, pero rastros de James, no se veían en ninguna parte. Desesperada, miró en todas las direcciones, pero lo único que veía , era la niebla que comenzaba a cubrir nuevamente todo el pueblo. Se subió nuevamente al auto, y giró para volver hacia el Hospital. Pero al llegar a la mitad del puente, se detuvo violentamente, ya que estaba derrumbado, y no se podía continuar adelante. “James… James!!!!!!!!!!!” gritaba angustiada, mientras se lanzaba nuevamente a llorar y a maldecir su destino…

James, al recobrar la conciencia, se encontraba recostado, en la sala de recepción, del Hospital. Los muebles estaban llenos de polvo, y rotos, los mesones viejos…todo estaba arruinado, y daba la sensación, de que no estaba en Old Silent Plain “normal”…Sino, en el “Otro Lado”. Al intentar salir al exterior, se dió cuenta de que las puertas estaban selladas, y era imposible abrirlas. Luego de desesperados intentos, golpeándola con su cuerpo, con sillas, nada daba resultado. Era imposible romperlas, mucho mas abrirlas. Así que  resignándose, se tiró al suelo, y lentamente, comenzó a volverse parte, de aquel hospital viejo y abandonado…

****

  Luego de un rato, y enjugarse su lágrimas, Alexa puso nuevamente su coche en marcha, en dirección hacia la carretera. En su mente, pensaba: “No importa en donde estés, James. Yo siempre, siempre, estaré aquí, en este mundo, esperándote…”

2 Respuestas a “La Importancia de un buen corte de Pelo (Del Antiguo BLOG) Trabajo de edición EN PROGRESO

  1. Hola yo leí sus historias en otro blog y leí esta antes ¿porque le cambio los nombres?
    me parecen buenas. A mi también me gusta escribir y cuando escribo algo luego no le cambio cosas porque creo que eso que había dejado antes fué por algún motivo o por sensaciones de esa época y esta historia tiene harto tiempo
    Bueno antes no le había escrito, espero no incomodar con mi comentario debe tener sus razónes pero esta vez me asalto esta duda,
    Gracias

    Atte,

    Sayaka

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    • Estimada Srta. Sayaka:

      Lindo alias o debiese decir nombre… De hecho me encanta una artista que tiene ese nombre… Kanda Sayaka en realidad ^^

      Sobre su comentaro… Sí, cambié algunos nombres, porque en realidad no quise pasar a llevar la susceptibilidad de ninguna persona, que existe en la vida real actualmente y fué parte importante de mi vida en algún momento…

      En breves palabras, es mejor desechar todo indicio de lo que alguna vez “fué”… Por eso el cambio de nombres…

      Y me alegra saber que tengo a alguien que sigue mis historias y se atreve a decirlo, es como un honor muy grande para mí… eso me alienta y me inspira a seguir escribiéndolas en cuanto tenga algunos espacios de tiempo ^^

      arigatô!! n.n

      Si desea charlar conmigo, los canales de conversación están disponibles: Facebook, MSN, Skipe… lo que le parezca mas cómodo…

      matta ne!

      Me gusta

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